1 de julio de 2009

Fotopost explicativo



Sin sentido y sin razón de ser, sólo vomitadas aquí por la misericordia infinita de Alá. Algunas ya explicadas en Twitter, por ejemplo.


FOTOGRAFÍAS VARIAS:

Un curry demasiado delicioso para ser verdad:




Una fotografía de su servilleta a los 13 años:





Caricaturas por Hernández:







Caricaturas por Patricio Betteo (quien ilustra mi columna en El Chamuco cada quince días, con el mismo nombre de este bló, ¡búsquela en su quiosco de confianza!):











Cuando mi abuelita me mandó solicitud de amistad en Facebook y estuve A PUNTO de declinar, porque entonces no podría poner groserías como "puñetero" e "hijos de puta" y "cerdos fascistas" después de contestar un test puñetero escrito por unos hijos de puta cerdos fascistas:



Por qué Chynna Clugston es una de las mejores novelistas gráficas. Detalle de Blue Monday:




Fotografía antiquísima que encontré en el Facebook de mi tía Norma: mi hermano Billy como de 13 ó 14 en el acto temerario de agarrar un bonche de churritos. Mi papá en actitud de meditación. Su servilleta enfrente de una cerveza helada. Cosa de todos los días:






25 de junio de 2009

Estafas

Apenas en dos días, mi sangre ha sido víctima de dos estafas mayúsculas.

La primera: a mi hermano le robaron un vocho que tenía. Estaba estacionado en la calle, nadie daba una naranjada por él porque es un vocho y los vochos a quién le importan, pero igual ahí estaba. Lo peor, según me dijo mi mamá cuando hablé con ella hace un rato, es que se lo robaron DOS veces. Cuando creían que ya lo habían recuperado, y los policías ineptos y corruptelas fueron a avisar a la casa del robo (donde nadie se había dado cuenta, porque el vocho a quién le importa), resulta que ya otra vez se lo habían robado. Pobre vocho. Ahora a todos les importa un poquito más que antes, pero ya para qué si ahora seguro está desmantelado y mirándonos desde arriba en el cielo de los coches robados.

La segunda estafa la sufrió la sangre en mis venas, que lo único que deseaba era alcoholizarse un poco. Fui al Black Horse, que en miércoles es como el Waldo's Mart de las bebidas (a dólar antigüito la bebida: 12 pesos sin impuestos). Allá me encontré a la diseñadora de una de las empresas donde frilanseo, y más tarde al Vic, mi camarada de la agencia. Sin embargo, todo lo que yo quería era embrutecer un poco mis sentidos y con poco presupuesto.

¿Pero lo logré? ¡Por supuesto que no! Sus bebidas vilmente rebajadas y peor atendidas -cuánta tardanza por sólo 9 tragos de jalón- no me dieron ni risa. Una cerveza te embriaga más. Una bofetada te pone más contento. Una escupida reaviva más la adrenalina en el cuerpo de un luchador grecorromano.

¡Bah!

Pero eso sí: hubo zafarrancho como de cantina. Y lo tuve que soportar yo sola, porque las viciosas con las que iba se salieron a fumar. Vasos rotos, una tipa con un ojo morado, gritos, miedo y desorden general. Mis polainas con la sana diversión de miércoles por la noche.

Estafa estafa estafa.







Actualización:

Y ahora se nos mueren Michael y la Farrah. Maldita la hora en que el universo nos estafó. ¿Qué sigue, Alá? ¿Qué sigue?


22 de junio de 2009

El freelance es como la mascota que amas pero te caga los sillones


A veces, cuando veo a los oficinistas zamparse unos tacos de carnitas o correr prestos por un Red Bull al Oxxo de la esquina, siento un cosquilleo en el estómago. Vivo en una zona oficinista, supongo: los asalariados corren de aquí para allá, con sus tacones y sus corbatas y sus trajes sastres. Van del metro al corporativo. Del corporativo a la fondita de poco pelo. De la fondita de poco pelo a un café de cuarta categoría. Salen a fumarse un cigarrito con Susana la de Cuentas y Romualdo el de Finanzas. Comentan unos chismecitos de la oficina: quién se acuesta con quién, quién se quiere acostar con quién, a quién van a correr por acostarse con quién y a quién van a ascender por acostarse con quién.

Y a veces, cuando bajo por mi ropa a la lavandería o paso a al mismo café de cuarta categoría por un frapuchino mediano descafeinado, me gusta imaginar que yo también tengo que regresar corriendo a la oficina porque uuuuh, mi jefe me regaña...

Y luego me acuerdo que soy freelance. Y algo dentro de mí se hace pedacitos, se rompe como cristal cortado, se derrite de vergüenza y autocompasión. No soy asalariada. No tengo prestaciones. No tengo horarios.

Trabajo en casa. Nadie me vigila. No tengo por qué chatear a escondidas, ni bajar a cada rato por un chunche hiper-azucarado como pretexto para que me dé el sol. Puedo maldecir al jefe, porque el jefe soy yo (bueno no: hasta los frílans tienen jefes, pero están allá en sus oficinas y no dan un cacahuate garapiñado por nosotros). Puedo trabajar en ropa interior, si trabajar en ropa interior fuera mi deseo y no una extrapolación de los deseos que la televisión me ha impuesto desde 1992, año en que empecé a entender lo que veía en la caja idiota.

El lado amigable: puedo hacer citas a horas inusuales. Ir al cine a la función de matiné. Ponerle a mi ropa Vel Rosita. Levantarme tarde. Comer frente a la computadora. Decirle al jefe que estoy muy apurada y pasar toda la tarde leyendo chismes en Perez Hilton y luego "esnifar" coca para tener un "rush" de adrenalina y trabajar como autómata hasta las 4,30 AM (ay: ustedes saben que no me meto drogas, salvo heroína y peyote y LSD).

En realidad, no me desagrada. Anoche soñé que volvía a la agencia, pero no a la zona Cheil que era divertida y donde estaba la salita de peloteo con un Xbox que nadie usaba y unos puffs hiper-cómodos donde me echaba unas siestecitas clandestinas y eso... sino al emporio Samsung. Tener jefes coreanos idiotas que apestaban a ajo y comían con la boca abierta y cada frase la terminaban con su "ooooo-ooo-oooh" usual. Y era horrible: la perspectiva de enclaustrarme de por vida en horario de oficina y con todos los ojos sobre mí y mi conducta y mi monitor y mi atuendo.

Desperté con estertores.

Lo único que me saca unas ganas de llorar es la idea de que mi casa ya no es ese recinto del descanso y esparcimiento que solía ser cuando la oficina y la escuela estaban en otros edificios y otros lugares. Llegar por la noche exhausta no significa sentarme a ver la televisión mientras desconecto cada neurona y enlace cerebral. En la mayoría de los casos, significa que tengo trabajo pendiente y que me sentaré frente a mi Wenceslao, comeré gomitas, tomaré té negro, tuitearé sin descanso y maldeciré a los dioses mientras avanzo tortuosamente.

Y entonces, en ese universo particular del frílans, el tiempo se expande y adquiere autonomía propia: ya no obedece a sus propias reglas, sino a otras, menos amigables, más elusivas... pero también más moldeables. La posibilidad de establecer un horario propio requiere una disciplina que, al menos yo, sencillamente no tengo. De ahí que todo se retrase, todo adquiera el tinte de la madrugada y del deadline tormentoso, y que todo suceda en una realidad paralela.

Ojalá todos los freelances del mundo nos unamos. Les exigiremos al gobierno y a la sociedad más infraestructura: no me refiero a los cafés, los restaurantes y los asientos de metro donde usualmente llevamos a cabo nuestras labores. Me refiero a una oficina universal donde los ilustradores, escritores, periodistas, programadores, pintores, comerciantes y artistas varios se congreguen para sentir un poco lo que son los horarios y la vida ordenada. Una oficina donde haya café sabor a calcetín, tarjetón de entrada, una recepcionista inepta y hora de salida a las 6 en punto, para irnos caminando bajo la lluvia a la parada de microbús o a la entrada del metro con la sensación del deber cumplido.

No es mucho pedir. Creo.


19 de junio de 2009

Conexión ideológica



Ayer, lo que debía ser un jueves con cervezas y charlas insulsas, se convirtió en un debate improvisado que saltó del voto nulo a temas tan ríspidos como el aborto, la religión católica, la pobreza en México, la pena de muerte y la conveniencia de erigir a Lupita Loaeza como líder sensible del pueblo. Hubo connatos de bronca: arrojé mi chela al piso y grité que cuando una mujer me decía que estaba contra el aborto, algo dentro de mí moría (como dicen los gringos: "tomato, tomate", porque en realidad jamás me atrevería a desperdiciar el sagrado líquido de la levadura).

Ya sé que uno no se debe meter en conversaciones así, teniendo temas tan grandiosos a la mano: los Jonas Brothers, la última actualización de Twitter, si alguien ya vio la película esa donde hacen una porno, quién prefiere el frío y quién prefiere el calor, cuál es el mejor cereal de fibra, lo que soñamos anoche, y la conveniencia de erigir a Lupita Loaeza como líder sensible del pueblo.

Sin embargo, lo hicimos. Hubo frases como "esa pendejada que acabas de decir" y "estoy en desacuerdo porque..." y "métete tus creencias por tus partes nobles" y "¿te refieres a mi sangre azul?" y "no, sabes a lo que me refiero" y "no, no sé a lo que te refieres" y "pues ya sabes... el... asterisco" y "¿el asterisco? ¿Cuántos años tienes? ¿12?" y "sí, mi terapeuta me dijo que mi edad mental es de 12... y medio" y "todos son putos", etcétera.

Luego alguien quebró una botella contra el piso y nos amenazó a todos mientras se desgarraba la playera y gritaba: "¡Stellaaaaaaaaaaa!".

En lo personal, no puedo desprenderme de mi ideología. Es el apéndice con el que vivo, escribo, leo, respiro y compro aguacates en la verdulería. No soy fundamentalista intolerante, y puedo convivir con algunos conservadorzuelos que votaron por Jelipe y creen en la "guerra contra el crimen" y se asquean cuando ven a dos putetes besándose. No, no soy intolerante, aunque por lo general les digo que se alejen de mi perímetro espacial y que vayan a persignarse y dibujo pentagramas a mi alrededor y pongo música de Alabama Thunderpussy en su presencia. Bueno, no.

He formulado una teoría: la de la conexión ideológica. Usualmente no pregunto a la gente a quien recién conozco por quién votó, pero en el 2006 solía hacerlo inmediatamente después del "mucho gusto". De la respuesta se esperaban dos reacciones en mí: decirle "hermano" o decirle "ten sexo contigo mismo" (que es mi castellanización para "fuck you").

En estos momentos aciagos, la ideología se ha diluido. La polarización del 2006 ya no existe: esas peleas con amigos, hermanos y tíos abuelos; los debates interminables, la voraz lectura de todos los columnistas de todos los periódicos de todas las facciones; la opinión certera y dilapidante. Ahora, decepcionados o desencantados o ligeramente más distraídos por el Twitter y el YouTube y Perez Hilton y la la conveniencia de erigir a Lupita Loaeza como líder sensible del pueblo... y, ¿en qué iba?







--laguna mental--





¡Ah! Sí, ahora ya no tomamos partido tan fácilmente. Nos da un poco de vergüencita: ¿quién en su sano juicio le daría su voto a los dinosaurios? ¿A los mochos? ¿A los chuchos? ¡Estamos castrados políticamente! ¡No tenemos opciones! Ergo: la gente opta por el voto nulo. Y, entonces, la apatía: el voto nulo tiene más simpatizantes porque requiere poca concentración, no es como si tengas que decidirte por nadie ni investigar la trayectoria de ningún aspirante a diputadete ni saber en qué distrito vives ni nada de eso... Sólo tienes que poner una sentencia jocosa en la boleta, algo como "¡Tengan sexo con ustedes mismos, contadores de casilla!", que en el mejor de los casos resultarán ser tus tíos, primos y amigos que no tienen vela en el entierro.

Pese a toda la jocosidad venidera el 5 de julio, sigo instalada en mi ideología (que no es lo mismo que partidismo). Odio a los jipis comeflores que se ponen colguijes, pasan los domingos en Coyoacán, y dicen cosas como "carnal", "hermano" y "suave". Odio a los conservadores. Odio a los apáticos y a los apolíticos. Pero defiendo lo que los jipis defienden -cuando no están drogados ni comiendo peyote en Real de Catorce ni danzando en una plaza por unas monedas-, que son asuntos de índole liberal: el aborto, las sociedades de libre convivencia, la conveniencia de erigir a Lupita Loaeza como líder sensible del pueblo...

Me siento cercana a los que piensan de esta manera (salvo si usan colguijes y todo eso, porque entonces me dan ganas de patearlos). Así que todavía, a veces, cuando por ejemplo hay dos sujetos en mi casa trabajando en una mesa, y yo estoy en mi Wenceslao pergeñando un texto, volteo hacia ellos y les pregunto por quién votaron. Y cuando me responden y me dicen, me siento mejor. Y cuando decimos lo decepcionados que nos sentimos por aquel por el que votamos, me siento aún mejor.

Mi conexión ideológica es muy simple. O no. Ten sexo contigo mismo.


17 de junio de 2009

Actualización necesaria


En resumen: el viernes fui a la presentación del disco de Candy en el Imperial, mi nueva banda favorita. Son extraordinarios en vivo. Tomé demasiadas cubas y un martini algo gay que llevaba absinthe. Malacopeé horriblemente y camino a mi casa, a pie, me fui descalza.

Hice una cosa horrible

(la pausa dramática es para que, en el ínter, se imaginen que me acosté con un desconocido, me inyecté heroína o contraté un prostituto gay).

Como a eso de las 5,30 ó 6 am, me acosté. Los ojos me lagrimeaban y dije: debes quitarte los lentes de contacto. Me levanté, me los quité y luego... ¿me los quité?

¡Lo olvidé por completo!

Así que me los volví a quitar, o al menos intenté quitármelos. Evidentemente, ya no había nada. Lloré y rogué a Alá, ¿cómo era posible que los lentes se me adherieran a la retina? Y luego los vi hechos bola sobre el lavabo: ahí estaba yo, picándome los ojos, por ningún motivo.

Es la hora que no olvido el suceso.

A las 8,30 am, llegaron Fanny y sus papás para una visita guiada con el objetivo de adquirir un vestido. Llevé a cabo una proeza física y mental: bebí líquidos hasta que el estómago se me inflamó y caminé kilómetros a la redonda por el centro, con los pies hechos talco. En ningún momento me quejé, salvo cuando me tiraba sobre la banqueta cada cierto tramo e imploraba piedad y decía "ya estuvo bueno, yo ya no camino" y "alguien consígame un doctor" y "ya no puedo seguir... tendrán que cargarme", como el buen rey Homero.

Por la noche ya no alcancé camión a mi pueblo, así que tuve que irme con ellos hasta Querétaro. Llegamos hechos unas piltrafas, nos dormimos y nos despertamos tarde. Fanny hizo unas sincronizadas con unas salsas morelenses, luego de las cuales tomé un taxi a la central y después un camión a mi pueblo. Llegué, salimos a comer, vegeté un rato, maldije mi columna vertebral y trabajé un poquitín.

Vi a mi amiga Araceli, comimos papas, hablamos de nuestros sueños y esperanzas, y nos dormimos.

El lunes tiene lagunas mentales.

Hoy, martes, fui a la presentación del libro de Felipe. Agradable velada, y puedo decirles desde hoy que ese vino emborrachó a varios (no a mí, por supuesto... porque nomás me tomé una copa, malditos meseros).

Y luego Olga y yo ordenamos comida en mi casa, vimos Doctor House y Los Simpsons, y cada quién se fue a su casa -bueno, yo ya estaba en la mía-.

Y luego acá: wuuuuuh, grooooovie.


Anuncio Importante


Pasen a nuestra revista de reflexión latinoamericana, Distintas Latitudes. Lean grandes textos de muchachos de todas partes del continente -mejor dicho: de Iberoamérica. Los futuros periodistas y escritores de nuestras respectivas naciones (con lágrimas en los ojos). Luego pueden pasar a echarle florecitas o florezotas a mi texto, que trata sobre la literatura de transición en Chile.

¡Acá!

Luego podrán dormir en paz.

¿Qué esperan?



10 de junio de 2009

Escena surrealista


Hay quien me recrimina el dudoso contenido de este bló: piensan que miento, distorsiono o magnifico la realidad. Ojalá fuera tan imaginativa: toda la clase de idioteces que me ocurren... realmente me ocurren: el portero don Daniel, el taxista new age, la señora de las ratas, los coreanos que huelen a ajo y se reproducen como larvas a lo largo de mi calle, la psicópata del microbús, el ladrón de la ventana que regresó a tocarme la puerta, la esquizofrénica del 14...

Ejemplo: hace rato bajé a sacar la basura, como don Daniel me aleccionó. De nuevo, al momento de agacharme y depositar mis bolsas con nudos perfectamente elaborados, una tipeja que medía 1.45 y traía una backpack ridícula me abordó. Me dijo que ella trabajaba en la delegación y que lo que yo hacía no tenía nombre (y sí tiene: se le llama sacar la basura, según la Real Academia de la Lengua Española). Yo crucé los brazos, que fue el lenguaje corporal más temerario que se me ocurrió en el momento, y la escuché con lo que creí era una muequita sardónica que la asustaría.

¿Pero la asustó? ¡Claro que no! Sin embargo, no me dejé. Le alcé la voz y le dije que por qué no proponía en su "trabajo" poner un contenedor, ya que la gente que SÍ trabajábamos y nos levantábamos muy temprano para salir a ganarnos el pan con el sudor de nuestra frente (tenía que mentirle, como es natural) no podíamos darnos el lujo de esperar al camión de la basura impuntual de cagada.

Sostuvimos un diálogo imbécil durante unos 10 minutos, y ninguna cedió. Soy una maricona: me hubiera gustado decirle que no tenía tiempo para hablar con pigmeas con complejo de colegiala y trabajos imaginarios, que tenía mucho trabajo y, no sé, incluso pude haber agregado que un chileno velludo me esperaba en la cama, algo que seguro ella jamás llegaría a comprender en su totalidad... En lugar de eso, asentí con mi muequita sardónica y los brazos cruzados. Soy una perdedora.

En cuanto se fue, me crucé la calle para ir a quejarme con don Daniel (es decir: el doorman of the year). Él, como siempre, me dio toda la razón... y procedió a contarme de su vida, de su infancia en la Santa Úrsula, de sus trabajos como plomero y soldador, de su esposa que en paz descanse, de su hijo Daniel que ayer cumplió 26 años, de cómo en Arizona solía comer innombrables y que sabían como a conejo pero en realidad estaban sabrosas y que no tuviera miedo y las probara, de cómo sólo había faltado una vez a trabajar y fue el día de su cumpleaños y que ese día fue al mercado y compró ingredientes y se cocinó un caldo de camarón, que él nomás saca una bolsita de basura al día y la deja en Calzada de Tlalpan, que los putetes de nuestra calle le dan asco porque en un libro que él leyó se dice que eso es pecado y que se van ir al infierno, de que la influencia humanitaria (les juro que no estoy inventando) era puro cuento, en fin: me conmovió.

De pronto, me di cuenta de que al pie de mi edificio estaban mis cerdos vecinos con sus 5 ó 6 perros, en una suerte de no-paseo que consistía en tenerlos un rato "al aire libre" sin moverse de su perímetro espacial. Enfrente de nosotros, tres prostitutos homosexuales recargados en un Chevy. Por la banqueta, una pareja de bohemios de buena cuna paseando a su perro, ambos en pijama de rayitas. En la contraesquina pasaron dos gringos en bicicleta, que venían de Reforma. Y enfrente don Daniel me hablaba de su compañero, un nuevo "elemento" que estaba medio tontito y al que solía hacerle preguntas "capciosas".

La escena era surreal... Y bella, por lo absurda. Una estampa citadina, algo trillada y plagada de lugares comunes, que permitía abstraerse en el universo particular de cada quién: el putete de la camisa embarrada, bíceps de miedo, que comía unos cacahuates mientras le chiflaba a cada coche que pasaba. Los adolescentes con perros que pasan tres horas del día parados afuera del edifico. El tipo en un coche estilo Tarantino que se estacionó frente a nosotros y bajó con pasos agigantados y preguntó a los muchachos de la vida galante "a cuánto, cabrones" (insisto: no estoy mintiendo). Y, sobre todo, don Daniel: hay algo en él que me da mucha ternura y curiosidad, algo muy solitario y recto en él, algo que me lleva a mostrarme de acuerdo con él en todo. Sobre todo en lo que no estoy de acuerdo. Vaya.

Estuve 1 hora escuchándolo, sin muchos deseos de irme. Tuve oportunidades, pero las deseché. Encontraba recodos en su conversación que podían convertirse en salidas, pero las esquivaba con sonrisas y "ajás" que lo invitaban a seguir hablando... hasta que, de pronto y sin aviso, me dijo que no me quitaba más mi tiempo y que me fuera a dormir.

Me sentí insultada.





Actualización:

La Feria de las Culturas está sobre Paseo de la Reforma, del Ángel a la Diana Cazadora. Mañana: más información en Chilango.com

No les quito más su tiempo, ya váyanse a dormir... CERDOS.


9 de junio de 2009

Cosas increíbles @ Feria de las Culturas Amistosísimas


Tenía la Feria de las Culturas Amigas a exactos 28 pasos de mi casa y no se me había ocurrido ir, así que arreglé la situación... yendo (el intelecto y sus trucos son una cosa compleja).

En un
stand de alfombras, un tipo con paraguas quiso convecerme de comprar un tapete "porque volaba". Acto seguido: me miró a los ojos, hizo una mueca de incredulidad, retrocedió unos pasos y me dijo que yo era una reina de reinas. Bueno, no.

Me preguntó de dónde era (¿será ególatra escribir que no es la primera vez que me hacen esta pregunta idiota?) (sí, sí lo es) (oh, entonces no lo escribiré). Le dije que mexicana. Insistió en que seguro tenía ascendencia árabe. Y la verdad es que... sí. Lejanamente, al menos. Según él, los ojos y las cejas son TAN libaneses. Y no es la primera vez que no sólo me ocurre sino que lo blogueo. Acá.

El señor con paraguas... Éste:



...Me dijo que más adelante estaba una niñita árabe tan hermosa que provocaba meterla en un sándwich con aguacate y comérsela. Dijo también que a él no le dejaron darle la mano ni tomarle una fotografía, porque "así era su cultura". Luego me preguntó cómo me llamaba, en qué trabajaba y de qué numero calzaba, todo esto mientras caminábamos en línea recta. Más adelante, se los juro, estaba una tipa nalgona viendo un tapete. El tipo de inmediato la alcanzó y le preguntó de dónde era. Entonces dije: RUN, FORREST, RUN. Llegué hasta donde estaba la niña: en efecto, era hermosa. Sin saber cómo, el señor con paraguas ya estaba otra vez atrás de mí.

- ¿A poco no está bien bonita? Ira, ira, sácale una foto, seguro tu "jefe editor" hasta te da un aumento cuando se la enseñes.

Errr.

Le pregunté al papá de la niña, un libanés cejón y bigotudo, si podía. Me dijo que
por supuesto.

Conclusión: al maldito viejo raboverde no lo dejaron por... eh, raboverde.

Ja-Ja. ¡No podrás empezar tu negocio de pornografía infantil conmigo, idiota!


¿Se fijan que esa niña podría ser mi hija en 15 ó 20 años? Yo sí.

Más adelante recorrí las fantasías animadas de un montón de gente italiana, uruguaya, ecuatoriana, venezolana, francesa e indefinida. Jamás he visto tantas lesbianas en mi vida, con lo cual puedo concluir que las marimachitas de esta ciudad consideran romántico pasear por un montón de puestos con pretensiones de clase, agarradas de la manita, y comprar empanaditas de plátano macho para suplir cierto dilema freudiano.

Los chilenos velludos del
stand de Chile son... ESPECTACULARES. Maldita sea, Alá: ¿por qué no me mandas un chileno velludo? ¡¿Por qué?! ¿Qué debo hacer para verme rodeada por esos brazos viriles, peludos, hermosos? ¿Debo aprenderme la Araucana de memoria? ¿Decir poto, guata y pololo para que me echen un lazo? Dímelo y lo haré.

También tengo que decir que el puestito de México es magnífico, por una sencilla razón: tienen toda la fruta cristalizada del mundo. En serio: toda. Jamás había visto jitomates, pepinos, chiles poblanos y plátano macho con todo y cáscara... en cristalización azucarada. Yo, por supuesto, compré unas piezas de higo, que son mis favoritos.


Finalmente, me topé con mis némesis: los fóquin coreanos. Oh, me dije: "tenemos que saldar cuentas estos ojos de rendija amarillentos y yo".

Con ustedes: productos idiotas coreanos.


Por supuesto, no pude resistirme a comprarles un montón de baratijas, sólo porque en el fondo estoy muy enamorada de ellos y hasta de su olor a ajo. Compré un panqué esponjocito de vainilla, y sucedió algo curioso: la que me atendió solía trabajar en Samsung y la habré visto una o dos veces. Provocaba admiración porque era una coreana
guapa que había sido criada en Argentina, y por lo tanto tiene un acentito cortazariano que constrasta cómicamente con su apariencia. Luego probé sus porquerías de comida: arroz inflado (que para ellos es lo máximo en dulces, y sabe como a unicel), maíz inflado, un omelette vomitivo, sopa ramen y no sé cuántas muestras gratis más. También compré un par de calcetines con la bandera de Corea que no necesito para nada, pero que me dieron ternura; además, el tipín que me atendió estaba muy imbécil, se reía de todo, y también quiso venderme unos con la bandera de México.

Lo amo.

En el de China, chácharas. También compré unas bolas al vapor rellenas de carne y de frijol rojo. Sólo la segunda provoca ganas de ser bulímica y vomitar en proyectil. También, un calendario ¡a dos pesos!

Y esto:

¿Se atreverían a comerlo?


En el de Estados Unidos no hay nada, ni lo intenten... a menos que quieran ser pendejos y sacarse la foto falsa con Obama. Puf, cerdos sin vida (en realidad, no lo hice porque no había quien me retratara el numerito, y porque no les iba a pedir a esos cerdos gringos que me fotografiaran con su presidente negro y porque no soy tan perdedora como ustedes).

Soy Obama, soy negro, y rockeo. Ahora: pásame la sal.



El lado más ASQUEROSO de toda la feria: los masajes tailandeses. Sobre todo cuando traen implícita la tortura medieval -del pobre masajista, digo.

Anden, es hora de vomitar esas bolas al vapor. Ustedes pueden.



Finalmente, para el plato fuerte, arepas con chorizo 'in a stick' que en primera instancia lucen espectaculares pero saben como a arepa -insabora- con chorizo colombiano -insaboro-. Nada del otro mundo.



Me comí mi arepa con chorizo en una banca frente a Cinépolis Diana, antes de que lloviera, y reflexioné ampliamente sobre este conceptillo de las "culturas amigas". Pensé que ni son tan amigas en realidad, y que muchas de ellas están conflictuadas por razones de índole histórico-socio-político, pero que blarhgh: es una buena cita para las líbais de esta ciudad.

Luego llovió y me fui a mi casa y grandiosas cosas sucedieron,
pero esa es otra historia...





7 de junio de 2009

Regresiones


La otra noche tuve una regresión vívida: eran vacaciones de verano y Lety, Laura, Araceli (hermanas y mis mejores amigas desde pequeñas) y yo estábamos en una tiendita de abarrotes en la que ellas estaban trabajando de medio tiempo, mientras la familia estaba de vacaciones. Nos comíamos todas las papas Barcel y los helados Holanda, y los apuntábamos en nuestra "cuenta": la última hoja de un cuaderno, con especificaciones de productos que iban sumándose hasta concentrar deudas extremas como 30 ó 40 pesos. De pronto, se nos ocurrió meternos a la casa ajena y hacer llamadas por teléfono.

Una vez ahí, quise averiguar mediante una llamada telefónica quién le gustaba al que a mí me gustaba. Era un método idiota en lo aparente, pero funcionó a la perfección. Sencillamente, a los 11 años no te parece absurdo hacer una llamada anónima y preguntarle al que contesta: ¿quién te gusta?

Así que lo hicimos. El interfecto cayó en la trampa y contestó de la forma más honesta posible.

Pamela, dijo. Pamela le gustaba.

Lety se quedó con el teléfono en la mano, mirándome con algo que a la fecha no sé si definir como lástima o complicidad amistosa. Colgó de inmediato y me dijo: "al fin que está bien feo".

Esa fue la primera vez que me rompieron el corazón con todas las de la ley... porque antes podía jugar a que los que me gustaban eventualmente se fijarían en mí, que eventualmente tendría novios, que eventualmente le resultaría atractiva al sexo opuesto. Aquí no había forma de justificar lo que era evidente: a él le gustaba Pamela y no yo. No tendría por qué mentir, pues las llamadas anónimas con preguntas así eran frecuentas y la norma dictaba hablar con el corazón.

(tres semanas después, el interfecto le "llegó" a Pamela. Ella, para hacerlo todo aún más teatral, era una tipa precoz, relajienta, que decía groserías y tenía faltas de ortografía: era un asco de persona, pero le gustaba a él, y fueron novios durante tres horribles semanas)

La historia tuvo un final infeliz, y no fue la primera vez que sufrí decepciones amorosas de tal intensidad. Y, como entendí después, esos pequeños fracasos permanecen grabados en algún lugar de la memoria, para manifestarse en pequeñas neurosis e inseguridades de la vida adulta. Son los primeros puntos de un largo expediente amoroso, que se vuelve más complejo en lo aparente pero que en el fondo sigue siendo primitivo.

Ejemplo: en el primer capítulo de High Fidelity, el protagonista cuenta sus 5 rupturas más dolorosas en orden cronológico. La primera fue casi idéntica a la mía, aunque no tan perdedora, y más tarde dice que si hiciera el conteo en una escala de dolor, ésa iría directo al segundo lugar: la humillación preadolescente siempre es dolorosa porque es la primera y porque marca un punto de salida.

Ahora pienso en todos los que tuvieron comienzos felices en su vida amorosa. En todos esos estupidines que querían con la rubia chimuela del salón, y terminaron besándola; en las pamelas con mala ortografía que lograron que el que mejor jugaba fútbol les "llegara"... y pienso en si esto determinó de algún modo el éxito o fracaso de sus futuras relaciones. ¿Será verdad que estamos predeterminados por esas breves pero lamentables decepciones amorosas? ¿Que los que empezamos con el pie izquierdo vamos a cojear por siempre en nuestros encuentros con el sexo opuesto (o el propio, según la orientación)? ¿Es inevitable que ante el chispazo de atracción hacia una persona tengamos siempre, una y otra vez, la regresión a la llamada telefónica en la que se escucha el pamela tajante y lacerantemente?

No sé, pero me da curiosidad: ¿alguien alguna vez tuvo un final feliz con el idiota que se sentaba al final del salón y le arrojaba papelitos con un popote para "llamar su atención"? ¿Hubo quien anduvo con su amor platónico de la adolescencia? ¿Hay personas que se libraron de sufrir esa humillación puberta?

Por lo que a mí respecta, me gustaría dejar de recordar esa llamada cada que conozco a alguien. Me gustaría seguir adelante sin el temor secreto a que en algún momento diga, de forma sincera y sin agendas ocultas, que le gusta la muchacha pamela en realidad. Porque no importa cuán recientes tengamos los éxitos de nuestra vida (todos los "te amos", los ruegos y las lágrimas de otra persona, incluso si la correspondíamos), a la hora de la verdad ese pequeño fracaso tiene más peso que, digamos, 7 años de éxito irregular.












PD. Odio a las mujeres que se llaman Pamela, ¿qué clase de puñetero nombre es ese? JÓDANSE.


4 de junio de 2009

Without you I'm nothing... at all


I'm unclean, a libertine
And every time you vent your spleen,
I seem to lose the power of speech,
Your slipping slowly from my reach.
You grow me like an evergreen,
You never see the lonely me at all


A los 16 años, Placebo era mi banda favorita. Hoy tengo 23 y lo sigue siendo. La conclusión evidente es que uno no cambia lo que es, ni lo que vivió en una época incómoda.

Celebro este post porque, como es natural, estoy escuchando el nuevo disco de una manera obsesiva. Al principio reticentemente, pero luego con la entrega propia del que sufrió una infidelidad y después no encuentra muchos motivos para continuar en el enojo.

Abundaré: Steve Hewitt, el baterista viril al que todos llegamos a querer y respetar, abandonó la banda. En su lugar entró un tipín con peinado rubio semi-emo, también llamado Steve. El cambio de alineación me pareció chocante, como a cualquier fanático estúpido que se cree dueño de la vida de quienes admira, y me pareció por un momento que la banda estaba muerta para mí. Escuchaba la letra de "20 years", la promesa de un recorrido -por cursi que suene- como banda y como fanáticos, un recorrido que no tendría fin hasta que alguna de las partes lo decidiera, y me sentía herida. Lo escuchaba como si leyera las cartas de un ex amante que me juraba amor eterno y ahora, con la ruptura, hacía patente lo falso de sus promesas. Pensaba en cómo podía seguir siendo fan "si me habían fallado" de esa forma.

Error: aún con otro nombre, a millones de años luz, yo seguiría amándolos por algo que se escapa a lo que
son en realidad, algo que está tatuado más en mi memoria subliminal, en mi historia de vida incluso, que a su música en sí.

Placebo es el
soundtrack de mi vida. Sus canciones son las canciones que escuché en los momentos más álgidos de confusión y terror adolescente, momentos realmente trágicos que ahora (con años más de experiencias y sabiduría puñetera)... me siguen pareciendo trágicos. Terribles, con cierto sabor a anestesia local, como inyecciones cuasi-indoloras que te sacan un chorrito de sangre pero te dejan un moretón descomunal en el brazo.

Placebo entonces


Recuerdo sentirme fascinada, pero con una fascinación muy ajena porque se fundamentaba en el desconocimiento y candor puberto. Leía sus letras, veía sus fotos, sabía que hablaban de sexo y drogas (dos cosas que yo no conocía ni por equivocación, al menos no de primera mano) y me parecía que vivían en un mundo intenso que no era necesariamente bello, pero sí decadente. Y la decadencia siempre resulta atractiva, sobre todo cuando uno no ha caído en ella.

(como alguna vez leí una entrevista, no sé si en la
New Musical Express aunque dudo que fuera esa por el contenido, que le hicieron a Brian Molko. Le contaba al reportero, con un descaro muy provocador, que se dio cuenta de su decadencia en medio de una orgía con muchas drogas. Y la imagen mental era muy poderosa: mientras penetraba a la quinta o sexta persona, de pronto se daba cuenta de que no sabía si ya se había venido o no. Esa idea me parece tan decadentemente hermosa que la conservo siempre, y sobre ella construí mi idea del señor Molko, y de sus compañeros y de su música y de sus sentimientos).

Así que, en el fondo, mi romance con Placebo se sustenta en el fondo. En que sus letras me hacen llorar, y a la fecha tienen ese efecto en mí. Me parecía entonces, y me sigue pareciendo ahora, que nadie capturaba mejor esa desolación aguda y patética que el muchachito que no sabe si ya se vino, el Burger Queen de pacotilla que no sabe conciliar su orientación ni su apego más bien ingenuo a las sustancias tóxicas. ¿Y cómo no identificarse con una letra tan plagada de poesía adolescente como "My sweet prince", con todo y su endiosamiento barato pero no por ello menos doloroso, casi casi asqueroso?

Creo que Brian Molko es un letrista muy talentoso, y que este elemento se les ha escapado a algunos críticos. Se concentran demasiado en el estilo, en la forma, en la onda hiper-sexuada y descaradamente bisexual, en el maquillaje y el protagonismo. No ven que todo es, y de una manera bien obvia además, la máscara de Maybelline (y
mascara, también) de ese patetismo convertido en gloria, del patito feo convertido en estrella de rock y en ícono sexual y en "portavoz de generaciones".

Placebo ahora


La otra vez, en el Shuffle del iPod, salió una canción nueva del "Battle for the sun". Enseguida, un lado B antiquísimo, "Miss Moneypenny". El contraste fue primero divertido, luego un poco tormentoso. En primer lugar, la voz aguda que se ha hecho grave y masculina. Después, la estilística y el tema, que ha mutado (porque madurado no, porque hay fruta verde que siempre debe permanecer verde). La imagen mental ya no es la misma: ya no veo al tipo que se acaba de inyectar heroína y que procede a penetrar hombres y mujeres sin distingos. Tampoco el atormentado con baja autoestima que escribe poesía pura (ver epígrafe). Sin embargo, escucho en ellos lo mismo que me atrajo en un principio y que aún hoy tiene la misma validez que ayer. Me siguen gustando, con la misma intensidad, y no pienso mover su sitio de mi top jamás.

Placebo es mi banda favorita... y puto el que me contradiga.




(en entregas próximas, por ejemplo si hacen una visita este año, abundaré AÚN MÁS en los otros motivos de mi gusto) (es que nos clavamos y nos clavamos y nos clavamos, y los editores de este bló -o sea, yo- dicen que suficiente clavadez y cursilería por un día).



2 de junio de 2009

Pues me animé



Una vez, como a los 8 años, mis papás me organizaron una fiestita de cumpleaños: consistía en invitar a todos los de mi primaria (éramos como 45 en total, en TODOS los grupos) a comer a mi casa. El evento se llevó a cabo, y comimos algún pastel de carne y sopa y sandwichitos en triangulitos y gelatina verde. Algo que no olvido, sin embargo, es que en algún momento -a falta de payasos, imitadores, cantantes o de perdis un estéreo a la mano- mi papá sacó unos libros de arte y se puso a hablarnos del expresionismo, del cubismo, del realismo, de la oreja de Van Gogh, de la desnudez en la pintura, del papel de la religión en la Edad Media, etcétera.

Me gusta la anécdota porque es muy ñoña y muy inusual: un montón de escuincles -que no sabrían ni siquiera definir lo que es el arte- escuchando a un señor atentamente, con un interés que no era fingido sino auténtico, extraño, increíble.

A los quince años también me hicieron una cena, en una edad en la que yo me sentía llanamente absurda. También comimos pastel de carne y gelatina verde, bailamos en la sala de mi casa, nos sacamos fotos y todos se fueron a dormir. Yo seguí sintiéndome absurda por unos cuatro años más.

Después de eso no volví a tener fiestas de cumpleaños. Apatía o vergüenza social o la incertidumbre anticipada de pensar que nadie llegará a tu fiesta o la pereza de organizarlo todo, en fin: no se me había dado la gana celebrar una fiesta de cumpleaños. Además, como dije alguna vez aquí, la idea de CELEBRARME a mí misma me parece algo ególatra y protagónica. Por supuesto, es una idea hippiosona, un comentario ególatra en sí (como ayer que me saqué comentarios marxistas idiotas durante la final del fútbol, preguntándome por el valor pragmático del balompié y el hecho de que funciona como el verdadero opio de la sociedad y demás mamarrancias
new age para ocultar el hecho de que no le entiendo una naranjada).

En fin: este año me dije ¿POR QUÉ NO? (oquei: me lo pregunté). Ya tengo 23 años, bah: no tengo que pedirles a mis papás su casa, ni correr a todos porque mis papás duermen, o mi hermana ronca, o mi tía Rosita Corcuera viene a desayunar a las 7 a eme.

Días antes, mandé invitaciones por Facebook enajenadamente. ¿De qué se trataría? Pues lo clásico: varios tipines bebiendo con música de fondo. No se necesita mucha planeación para eso, ¿verdad?

Ajá. El jueves en la noche, ya acostada en mi cama a punto de dormirme, un pensamiento atroz me asaltó:

"¡Imbécil! ¡No van a caber en el huevito que tienes por departamento!"

Entonces me levanté. Di varias vueltas por el perímetro total y, al comprobar que sólo podía dar dos vueltas sobre mi propio eje, declaré oficialmente la alerta roja.

Aún el viernes y parte del sábado hice mis quehaceres evitando a toda costa el pensamiento terrible, la vocecilla sardónica que me decía al oído: "¡Ja-Ja! ¡Tu fiesta, la primera que organizas en tu vida adulta, será un fiasco! ¡No van a caber! ¡Tus vecinos marcarán al 060! ¡La gente huirá! ¡Serás la vergüenza de tu generación! ¡Alguien rodará por las escaleras! ¡SUICIDIO SOCIAL!"

En la tarde del sábado, la inefable Aline Salazar llegó a mi casa con comida yucateca y me dijo:

"Basura: no van a caber en tu casa".

Yo lloré un poco y le dije: "Patrañas".

Y en eso me dijo:

"Basura: te presto mi casa. Llamemos a todos en este momento y cambiemos la locación".

Yo le dije: "Patrañas".

Ella me dijo:

"Basura: eres una basura".

Entonces entendí.

De inmediato llamamos a todos cuantos pudimos y les explicamos que por CAUSAS DE FUERZA MAYOR se cambiaba la locación de la fiesta.

En fin: no tengo que decirles, muchachos.















ÉXITO TOTAL.

Uhh, qué buena fiesta. Uuh, nos estupidizamos. Selección musical de diez. Vergüenzas. Ligues. Miradas. Tropezones. Tocino con salsa de ostión calentado en el microondas. Caguamas por montones. Los calimochos del honor. Personas pachecas. Personas borrachas. Personas felices.

La crónica de una fiesta sería muy vulgar, por eso nomás algunas fotos de rigor, para el quemón oficial:






















Chavos, ya es muy tarde y me da un poquitín de miedo empezar a poner los links de todos los blogueros que fueron (uno que es ñoño, total): propongo que todos los asistentes dejen constancia en los comentarios. Y que finalicen con la bonita imagen del puño en alto.

¡Rock!


29 de mayo de 2009

Sensación apocalíptica


Hace un mes, cuando tembló en los días en que la influenza nos hacía pensar en el final precipitado de nuestras vidas, yo estaba en junta en Coyoacán y ni sentí nada. Cuando mi papá me marcó algo preocupado, ni siquiera sabía que acababa de temblar.

Más tarde, vi fotografías de la gente evacuando los edificios con tapabocas en la cara. Algunas mujeres lloraban. Hubo muertes, pero por paro cardiaco. Todos estábamos asustados: la crisis, la influenza y encima nos temblaba. El horror era natural y entendible, como si estuviéramos cumpliendo una manda o nos hubieran salado o estuviéramos pagando algún karma o cualquier otra charlatanería
new age que nos hiciera pensar en nuestra condición de mártires mexicanos.

La última vez que tembló, lo escribí, yo estaba en mi cuarto, con Wenceslao en las piernas (Wenceslao es mi "ordenador", y no un chileno con mucho vello corporal, como a mí me gustaría). También escribí acá que siempre siento ese movimiento ondulatorio, producto de los desmadres de mis vecinos. Lo que no escribí es que, antes, esos movimientos me daban risa. Ahora me dan pavor.

Otro día, mientras comía con mi papá, me recomendó que en un temblor me suba a la azotea. Es más seguro: si el edificio cae, siempre lo hará como un sándwich al que aplasta el pie todopoderoso de dios. Si osas salvarte bajando por los tres pisos de escaleras, lo más seguro es que quedes atrapado en algún punto impreciso entre el jamón y la cebolla en rodajas.

Morir entre los escombros o acabar con las dos piernas fracturadas. Um, no es tan difícil elegir.

Anoche tuve un sueño raro, propiciado tal vez por el hecho de que dormí sin pijama, atrevimiento que casi nunca cometo. En mi sueño temblaba o, más bien dicho, había un terremoto. Yo estaba otra vez en mi cama, en calzones -
sólo en calzones-.

(Paréntesis: como en película gringa, ¿no les pasa que se sueñan con la pijama que traen puesta? A mí siempre me pasa, y por eso vivo mis aventuras con chilenos velludos vestida con pantalones holgados de Los Simpsons o de rayitas o de puntitos, y jamás con algo sexy que me haría deseable ante un chileno velludo)

En los segundos en que todo se mecía estrepitosamente, yo alcanzaba a pensar que no podía salir huyendo de mi casa en calzones y preguntarle a mis vecinos, como la última vez, si estaba temblando. Entonces me vi en la difícil decisión de salvar a Wenceslao o salir en calzones.

Ganaba Wenceslao.

Acto seguido, y después de la balconeada de salir huyendo de un terremoto en cueros, me salvaba por esos impasses de los sueños en que de pronto ya estás en otra escena persiguiendo a unos motociclistas coreanos sin saber realmente por qué.

Pero me proponía salir de ese edificio e irme a vivir a una casa de un piso. Mi casero, ese cerdo insensible, me decía que había firmado un contrato y un pagaré, y que me fuera mucho a la chingada. Yo le decía que tenía abogados, así con ese, como el equipo de abogados de Burns que salen de una pared deslizable en su oficina y te dicen: "¡Te vamos a refundir en la cárcel, infeliz!".

Luego, en otro impasse, estaba recorriendo lo que yo pensaba era mi barrio, en búsqueda de otro lugarcito para vivir. Los coreanos cerdos estaban ahí, pero era como si estuviera
de hecho en Corea. Había tiendas insalubres donde vendían gatos rostizados y especies de peces que jamás has escuchado en tu occidental vida. Y las coreanas estaban vestidas muy coreanamente, y yo pensaba: a lo mejor no está tan mal vivir acá. Y luego sabía que me iban a robar porque había dejado la puerta abierta, así que corría de nuevo a mi edificio y perseguía a los ladrones por azoteas, mientras mi mamá iba detrás de mí (raro, raro, raro, como todos los sueños). Lo chistoso es que al final me daba cuenta de que sólo me habían robado el apartejo del Sky, y yo les lanzaba una risita nelsoniana y les decía: "¡Pendejos! Tenía mi Wenceslao en el escritorio!".

En fin. Cuando desperté, tenía una sensación desagradable. Mezcla de indefensión, molestia e incertidumbre. Desasosiego pues. Miedo a morir, para ser más exacta y someterme al escarnio público.

Pensémoslo un segundo: ¿qué hay de toda la gente que murió en los escombros del 85? Fueron unos minutos apenas y PAM: ya no existían. Murieron dormidos -fue tan temprano en la mañana- o mientras se bañaban o mientras desayunaban. Y no hay registros, no hay forma de retratar su pequeña agonía, ni algún homenaje como no sea el oficialista.

Estuve todo el día con ese pensamiento y el día me respondió portándose nublado, lluvioso y propicio para la depresión estacional. En el banco me senté en una silla con los audífonos puestos, como adolescente con miedo a morir, y vi a una señora con unos zapatones infames, unas zapatillas ergonómicamente tortuosas con las que la tipa no podía ni caminar. Y llegué a conclusiones muy filosóficas, como el afán por sufrir innecesariamente, metáfora representada en los zapatejos del mal:


Me intrigó tanto que tuve que sacarle una foto de contrabando. Toda ella: el maquillaje excesivo, la blusita entallada a pesar de su gordura, el fondo que se le salía por la falda, sus gestos afectados, y cómo se paseaba de un lado a otro del banco con angustia o incomodidad o dolor de pies. ¡Y los dedos! Había uno encima de otro, no les miento. Cuando se sentó se revisó las pezuñas y los acomodó de nuevo. Y yo pensé: qué tan insensible debes haber dejado tus pies para no sentir que tienes los dedos hechos madeja.

¡Mueran zapatillas incómodas!

Y con esta metáfora elevada, termino mi post. Piénsenlo un momento.


26 de mayo de 2009

Hoy fue mi cumpleaños


Pero no se apuren por felicitarme, porque seguro ya lo hicieron.

¡Gracias... totales! (con voz de Gustavo Cerati).

En resumen: fue un cumpleaños totalmente irregular, porque recibí como el 800% de felicitaciones que usualmente recibo (mi mamá, mi papá, mis hermanos y mis 4 amigos imaginarios).

Las redes sociales nunca me desearon tanto que siguiera envejeciendo y acercándome a la muerte. Ustedes merecen todo lo que le pidan a su dios predilecto, muchachos.

Los regalos que recibí significaron MUCHO para mí, en muchos niveles. Nunca me había sentido tan conmovida. Creo que no lo merezco. Procedo a la autoflagelación emocional.

Ya, en serio: MUCHAS GRACIAS. Me hicieron sentir bien, y retrasaron un poco mis planes de autodestrucción.

¡Y miren! He aquí un regalo que seguro más de 4.8 personas envidiarán:

¡Aaaah!

¡Oooooh!

Dice:

"Para Lilián. ¡Un abrazo de su abuelito adoptivo! (y un beso)" con una flecha que dice "casto, si insistes". Firma: RIUS.

Sólo me queda decir algo:


JA-JA


25 de mayo de 2009

¡Por favor, denme permiso de desangrarme en su presencia!



En la materia de Multimedia hice una página web sobre la donación altruista de sangre. No sé por qué elegí este tema, supongo que fue un reflejo, una manifestación del subconsciente bondadoso (del que no creía que hubiera residuos en mi organismo), y me vi diciéndole a mi maestro guapo y generoso: SANGRE. DONACIÓN (me costaba trabajo hilar las palabras en su presencia, siendo él tan guapo y generoso).

En el proceso aprendí mucho del tema y me
comprometí con él. Tuve la certeza de que la donación altruista de sangre era necesaria. En el ínter, pasé el 90% de mis clases de Multimedia dibujando en Adobe Flash -A MANO- las venas de un corazón palpitante, que se llenaban de sangre candorosamente en la animación introductoria a mi página.




-Ésta es una versión beta del corazón, que ya al final lucía IMPONENTE. Éste es, digamos, el único adelantito que subí a una cuenta Image Shack. Para ver su imponencia tendrían que recargar la página cientos de veces y ni así estarían cerca de sentir su PODERÍO.

-gracias a ese corazón saqué 10 en la materia, aplausos-.




Tres veces en mi vida he intentado donar sangre.

La primera vez fue en Querétaro, mientras trabajaba en el café Dos Minutos (rebautizado por Carlangas como "Dos Mierdutos"). Escuché en la radio que un niño de 10 años necesitaba sangre O Negativo, que es mi tipo, así que enseguida fui al Seguro Social. El tipejo en la ventanilla, apenas me vio, me dijo:

- No puedes donar porque tienes bráquets. ¡Largo!



Así es. Alguna vez en la vida tuve fierritos en los dientes. ¡Gran cosa! ¡Supérenlo!


La segunda vez, mi tía Blanca la necesitaba urgentemente, también O Negativo. No encontraban el tipo en ningún banco de sangre y la transfusión era imperativa. En los requisitos pedían pesar más de 60 kilos. No sé quién (¿mi mamá? ¿Mi conciencia?) me recomendó mentir. Así que cuando me tomaron los signos vitales y me preguntaron mi peso, contesté muy segura de mí misma: 60.

La enfermera, una gorda enana horrible, me miró de arriba a abajo, como quien duda de la honorabilidad de uno, y me dijo:

- Súbase a la báscula.

No tengo qué decir que me corrieron con una patada en el trasero, mientras me gritaban agitando el puño:

- ¡Y no vuelva nunca más por aquí!


Esta vez pensé: la tercera es la vencida. Además, sólo pedían 50 kilos. ¡50 KILOS!

El jueves en la tarde fui, pero me retacharon porque digamos que había
abusado del ayuno. Además, me dieron una lista de alimentos que no podía consumir. ¡Carajo! Todo lo bueno estaba ahí: los dulces, las fritangas, los lácteos, las grasas, el alcohol y las drogas intravenosas.

Me cuidé de cumplir con sus requisitos absurdos, y el viernes en la mañana volví.

Sufrí como reo condenado a muerte cuando me sacaron la muestra de sangre, apretando los puños y haciendo muecas dolorosas. Luego, con esa sensación de post-violación, me dirigí al cuestionario con la doctora.

Me rechazaron.

No voy a ventilar aquí los motivos, porque entonces sabrían de mis aventuras lésbicas con luchadoras grecorromanas y mis hábitos de consumir crack y acostarme con enanos pansexuales y cómo me tomé una aspirina y me desvelé y tengo chancros.

Sólo quiero asentar que su lista de requerimientos es DISCRIMINATORIA y absurda.

¡Carajo! ¡Alguien se está muriendo y USTEDES se ponen sus moños! Ya quiero ver cuando haya una emergencia real -i.e. Holocausto Zombie- y nomás le pidan a la gente ponerse en mangas de camisa y amarrarse una liguita en el brazo. Cerdos.

Por eso, estoy de acuerdo con Méjico Májico cuando dice que -y la cito- sólo
puro májico mejicano notable, sano, casto y ñoño puede donar. Gente sin vida sexual, sin aventuras escandalosas, sin un pasado digno de vivirse, sin -parajódicamente- SANGRE EN LAS VENAS.


Por eso he resuelto una cosa: no donar mi sangre. ¿La quieren? Pues no la tienen. La voy a envenenar a mi gusto.

*se inyecta heroína con toda rudeza*


PD. Este post se lee mejor si mientras tanto usted escucha la GRAN banda Type O Negative, uh, góticos gringos ridículos que me hicieron feliz durante mi adolescencia. Ponga especial atención a la letra de "I don't wanna be me": poesía pura.







22 de mayo de 2009

Estaba escribiendo otro post y en eso...


...Empezó a temblar.

Yo estaba acostada en mi cama, sin zapatos, donde regularmente siento movimientos trepidatorios a causa (no, no de mi vida sexual) (lágrima) de mis vecinos de arriba, que creo son instructores de aeróbics o tienen complejo de canguro.

Pero se sintió
diferente. Más intenso.

Me levanté de la cama y vi los horribles candelabros de mi depto oscilando de un modo... ¿cómo describirlo?

CABRÓN.

Pensé en todos los estacionamientos del DF, esos lugares sospechosamente amplios situados siempre pared con pared junto a un edificio más o menos alto. Residuos EVIDENTES de edificios hechos pedacitos en el temblor del 85, y recordé el estacionamiento que está casi enfrente. Y pensé: estamos frititititititos.

Salí al pasillo descalza y ahí estaban las basuras de mis vecinos. Pregunté: ¿está temblando? Contestaron que sí y todos gritamos y nos abrazamos y nos juramos no llamarnos basuras unos a otros nunca jamás.

Ah, ¿pero qué hacemos la bola de nerdos sin vida?

Tuitearlo:



Es increíble que cuando uno piensa que está escribiendo la primisa con un elegante "PUTA MADRE, ESTÁ TEMBLANDOOOO", 98 sujetos ya lo hicieron antes que tú. Y todos con la misma economía de recursos.

Me asusté, pero con un miedo irracional, muy poco intelectual, muy poco "Oh, ¿qué escala Ritcher será?" y "Me pregunto cuántos muertos habrá" y "Qué caray con las capas telúricas" y "Oh, ¿dónde habrá sido el epicentro". Más bien un temor "se sintió machín la sacudida".

Más de una hora después, seguimos con las manos trémulas, tratando de comunicarnos con nuestros parientes, maldiciendo a Telmex/Slim/nuestro dios predilecto, y pensando en qué vamos a cenar hoy:



Como dijera Aline Salazar, ¿dónde te agarró el temblor?



19 de mayo de 2009

Un día con demasiada publicidad...


...Y creo que estoy a punto de decir cosas como "no puedo contarte ahora, mejor te mando un
brief al rato" o "quiero comerme una torta al pastor ASAP" o "qué cagado, güey", etcétera.

Primero, porque comí con mis antiguos colegas de la agencia del mal: el Roger y el Vic (en ese entonces era preponderante agregar un artículo antes del apócope de cada uno) (a que no adivinan cómo me llamaban) (¿No? ¿Se dan?) ("La Lili") (así, sin acento, con la sílaba tónica en la primera li). La comida fue muy agradable, yo tiré todos los arroces sobre la mesa y los escupía mientras hablaba y derramé la salsa de soya sobre el pantalón de ambos y el gerente llegó y nos pidió que nos retiráramos y yo lloré en la banqueta, etcétera.

De la misma forma en que ver fotografías antiguas te remonta a recuerdos de tu infancia de los que no creías que aún hubiera registro mental (por ejemplo: esa tarde viendo caricaturas te recuerda que tenías unos shortcitos color verde con pequeños pececitos amarillos, o que una tarde cualquiera comiste albóndigas con agua de jamaica, o que una vez en la escuela trataste de hacer trampa en el examen de Historia y te condenaste académicamente de por vida, etcétera). Y aunque no son recuerdos propiamente dichos, pues en ellos no hay acción ni sentimentalismo ni significación, sí ayudan a ver la imagen más amplia: el shortcito te recuerda esa edad y tus amigos y tus sentimientos y tus esperanzas. Eso: una simple prenda ridícula y apestosa.

De la misma manera, la conversación con el Vic y el Roger me transportó a esas tardes terribles con tiempos muertos en los que -maldita maldición- encontré en el Twitter un refugio de "mi realidad" (como personaje de Guillermo del Toro durante la Guerra Civil española y eso). Esas conversaciones en el comedor con chismecitos sobre el mundo publicista, que Fulano ganó la cuenta no sé cuál, que Zutano se cambió a la agencia quién sabe cuántas, que Mengano es pero si bien homosexual, etcétera. Y también me di cuenta, como ya lo he reiterado, que la diferencia entre "la Lili" que ellos conocieron, esa burda escuincla que se reía cuando un coreano escupía la sopa, y "la Lili" que ahora se ríe de los coreanos por el simple hecho de ser coreanos... es grande. Aunque no sé qué tanto. Sólo sé que, si volviera a entrar a trabajar ahí, todo sería MUY diferente. A lo mejor no hubiera renunciado a los tres meses, pero quién sabe.

Lo más curioso fue cuando llegamos al APASIONANTE tema de las bicicletas, porque tanto el Roger como el Vic (y sobre todo el primero, que publicó un libro extraordinario, "Las bicicletas y sus dueños") son bicicleteros de corazón. Le dije al Roger que gracias a su libro me compré mi bicicleta, y él me dijo que ése es el mejor halago que le podrían hacer a su libro, y yo le dije que qué va, que qué había de "es una obra maestra que está destinada a trascender durante siglos" y él me dijo que por qué no me callaba y disfrutaba del momento sentimentaloide-ya-no-soy-tu-jefe-ya-no-tienes-qué-alabarme.

Entonces el Vic que me dice:

"¡No me digas! ¡Seguro tu bici es rosa, con florecitas y una canasta!"


¿Qué le dije?

"¡Oh! ¿A poco ya la viste?!"


¿De verdad soy tan predecible?



Más tarde, ya en mi casa, me senté a ver la tele. Cuánto me divertí. Bueno, en realidad no. En eso, que veo este comercial de Toyota Corolla:



Enseguida me indigné. Ese comercial era el PLAGIO de algo que ya había visto alguna vez, un día que me metí al cuarto de Luis Mariano a buscar un cortauñas y de paso compartir tiempo de calidad con mi sobrino y de paso aterrorizarlo emocionalmente.

Primero pensé que era de los Padrinos Mágicos. Tiene sentido: Timmy Turner es el escuincle ese que puede hacer realidad lo que se le antoje, manipular a su padre y conseguir que le regalen el ROBOT que él quería, incluso si ya había una versión anterior.

Expresé mi indignación en Twitter y todos se indignaron igual que yo. Corrimos en manada hacia el video en YouTube y lo inundamos de comentarios (bueno, sólo Jair Trejo lo hizo). Incluso, tuve el atrevimiento de ponerles un insulto que en buen castellano podría traducirse como "chupapijas". Luego les escribí que eran unos remedos de creativos y luego borré mi comentario, porque era suficiente catarsis por el día de hoy.

Sin embargo, todos en Twitter me preguntaban en qué capítulo sucedía eso. Busqué en la Wikipedia y nada. Empezaba a dudar de mi salud mental, así que hice lo que cualquier tipa de casi 23 años con una duda haría:

Llamarle a mi sobrino de 11 años.

- Loló (es que en realidad así lo llamo desde que nació; "Lolocián", cuando quiero molestarlo), dime cuál es el capítulo ese de Los Padrinos Mágicos donde Timmy quiere un robot y hace que su papá se lo compre, y su papá le dice que ya tenía uno igual, pero Timmy le dice que no, que éste es nuevo porque habla y así, DÍMELO por amor de Alá.

- No entiendo de qué estás hablando.

- Sabes de qué estoy hablando, niño. ¿Acaso el papá de Timmy no es el que se queda a hacer las labores domésticas mientras su mamá va y trabaja y tiene el rol económicamente activo de la casa y eso?

- No. Estás hablando de Johnny Test, el niño con cabeza de flama.

- JA-JA. Lo sabía.

Click.

Bueno: "hice una papanatas de mí misma", como dicen los gringos, al afirmar tajantemente que era de Los Padrinos Mágicos. Bah, cualquiera se confundiría: Timmy Turner y Johnny Test tienen en común que son escuincles y que inspiran deseos de darles una patada en el rostro.


Acto seguido: busqué en la red. ¡Y he aquí mi descubrimiento!



Videos tu.tv

Está en portugués, muchachos, pero hagan un esfuerzo: no en balde lo llaman "portoñol".


¿Qué aprendimos de todo esto? Que seguro algún creativito de Saatchi & Saatchi llegó un día agobiado de su chamba, siempre los mismos problemas, siempre la misma jeta de la tipa de cuentas, siempre la misma comida insabora e incolora del comedor, siempre los mismos mails idiotas... y se puso a ver Cartoon Network y decidió PLAGIAR una idea y luego vendérsela millonariamente a los de Toyota.

Qué tipo tan listo.




Creo que es suficiente por hoy de publicidad, aunque aún tenía reservados algunos comentarios ácidos sobre los comerciales del PRD y cómo uno de Pepto Bismol me recuerda algunas escenas de Fight Club y lo que pienso de este noble arte, en fin. Pero... tengo sueño.


Actualización:

El comentario de S.S. me recordó una página que, en la agencia, era algo así como nuestra biblia de contenidos. Mi jefe, no el Roger, sino el que a ambos nos caía en las hipotéticas bolas, era un tipo sin una sola idea original. Por consiguiente, cada que proponía algo que a simple vista no se oía mal, TODOS corríamos a joelapompe a ver si ya se había hecho.

10 veces de 10 ya se había hecho.

Si usted, creativo en ascenso, aún no conoce joelapompe... ¿Espera a que alguien le dé un zape o qué?

JOELAPOMPE
- donde se exhiben los plagios más horrorosos de la industria creativa.




17 de mayo de 2009

Elogio de lo políticamente incorrecto


Usualmente, cuando estoy con lo que mis padres denominarían "cuates" o "camaradas" o "esos vagos que beben alcohol barato", nuestros temas de conversación reptan por los caminos farragosos de la mierda. De todo nos burlamos, nada merece nuestro respeto, y casi todas las minorías son abortos humanos que deberían eliminarse mediante la cámara de gas y mordiscos sanguinarios de un perro con rabia. Ser racista, antisemita y homofóbico es no sólo esperable, sino encomiable.

¿Por qué lo hacemos? Porque nos divierte. Porque quizás, me gusta pensarlo, estamos situados en el otro extremo del espectro con el que nos gusta jugar. Porque somos todo lo contrario a un racista y a un antisemita, a un homofóbico y a un misógino, a un conservador de porquería que se persigna en la iglesia y orina en los
derechos humanos, la dignidad, el honor, etcétera.

Siempre he pensado que libre es el que habla de lo que se le antoje sin temor a represalias. Y con
de lo que se le antoje me refiero a la virgencita de Guadalupe, el holocausto judío, la pornografía checa y los tacos de barbacoa, todos temas muy arraigados en la memoria histórica. ¿Y qué si un tipo tiene fantasías sexuales con la morenita del Tepeyac? ¿Podría haber cárcel más esclavizadora que la de nuestra propia mente?

Por eso soy partidaria de la incorrección política. No porque sea provocadora y vulgar (dos de sus características más prominentes), sino porque es un desafío a las cárceles de los demás. Porque significa demostrarnos que no tenemos miedo realmente, que no hay nada demasiado grave como para no burlarse de ello, u opinar, recitar, escribir, comentar. Sencillamente, no debería haber consecuencias reales, violentas, por lo que proviene de las palabras y el intelecto.

Este mes,
Letras Libres tiene dos textos que me parecieron apasionantes por muchos motivos. Ambos tratan sobre los recién editados diarios de Bioy Casares, un mamotreto de más de mil páginas, con el título de Borges... Y lo simpático: ninguno es una reseña en forma sobre el libro.

El primero, escrito por Edwin Williamson, el "biógrafo oficial" de Borges, afirma en varias ocasiones que los diarios de Bioy Casares no aportan esencialmente nada, pues se componen de conversaciones, opiniones, impresiones. Vaya: lo que todo mundo
ya sabe. En cambio, rescata con minuciosidad de cirujano todo lo que revele, directa o indirectamente, la vida amorosa de Borges. Se regodea en los detalles. Los celebra. Salta a conclusiones apabullantes:

Este comentario demuestra cómo los amores desgraciados de Borges eran otra manifestación de su solipsismo: no podía o no quería reconocer que ese “trágico destino” era el producto, en última instancia, de su terror ante la realidad del sexo.


Disculpen mi desvergüenza, pero el párrafo anterior me hace preguntarme algo que todos ustedes seguro también se preguntan (salvo si están invadidos por el morbo): "¿Y?".

Probablemente, en contraposición a los primeros párrafos de este post, me excedo de escandalización. Sin embargo, me queda la sensación de que el artículo es como el TvNotas para intelectuales, y que pierde de vista lo verdaderamente importante. No que yo sepa qué es lo verdaderamente importante, pero, oigan, yo no soy la biógrafa oficial de Jorge Luis Borges.


El segundo
, escrito por Héctor Manjarrez, rescata las menciones a México de ambos conversadores (Borges y Bioy) (o Biorges, como los llama ácida pero atinadamente). En una palabra (o tres): nos hacen mierda. Con comentarios como:

"Hay países con vocación para la fealdad: la India, México. Peor que los demonios (para ellos no serán demonios) de los aztecas son los personajes de caricatura de los frescos de Rivera.”

Uno piensa, por qué no, que la impresión que Borges tenía de México era de un paísito colorido, de música horrenda, novelistas fallidos y sicología victimista con los ojos puestos en el pasado. Y no es que uno lo niegue categóricamente, pero, vamos, duele. Duele saber que, oh, nuestro amado José Luis Borgues piense así de nosotros.

Lo curioso es que no me siento particularmente insultada por estos descubrimientos, sino sorprendida de que Manjarrez se ofenda tanto. Que llegue a los extremos de dividir a Borges en el Borges genio y el Borges imbécil, decidiendo a rajatabla en dónde está siendo un genio y en dónde, un imbécil. Que llame a los compadres unos arrogantes e ignorantes, un par de dizque anglófilos que apenas si pasaron unas cuantas noches en Gran Bretaña, y que contraataque las ínfulas segregacionistas de Borges recordándole que él, después de todo, era un ciego. O que, en una frase más bien patética y molesta del maestro ("Yo soy racista. Les tomaría la palabra y veríamos quién gana. Limpiaría los Estados Unidos de negros y si se descuidan me correría hasta el Brasil. Si no acaban con los negros, les van a convertir el país en África"), revire con la gracia -me siento mal de escribir esto- de un insulto de muchacho de secundaria: que Borges mismo, tan machito en su frase, no se separó de las faldas de su madre sino hasta bien entrado en su ancianidad.

Ahora: no se me tome por la fanatiquita de pacotilla que, ante la evidencia más cruda, niega la culpabilidad de su ídolo. No estoy defendiendo a Borges, por una sencilla razón: no podría importarme menos. Soy partidaria de la idea de que la vida personal de un autor no debe, no puede interferir en su obra. En lo absoluto. Por supuesto que investigo la vida de mis autores preferidos (ver acá), pero ni el descubrimiento de que se trataba de un pederasta asesino de gatitos podría cambiar una coma de su trabajo, ni mi opinión literaria sobre él. En este caso, sí: Borges era, todos lo sabemos, un derechista de acero. Defendió a Pinochet, tenía buena opinión de Díaz Ordaz (el mismo Manjarrez lo menciona), y era emocionalmente dependiente de su mamacita. So what? Quedémonos con los datos básicos, románticos, como que fue el bibliotecario más importante del mundo y estaba ciego.

Mi reflexión va a que, por alguna razón, me inclino mucho a pensar que en ciertos pasajes, Borges era deliberadamente fanfarrón. ¿Por qué no? Era un intelectual, y todos los intelectuales son así -y los que no, en realidad temen que los censuren o les quiten sus becas o los corran de sus empleos.

Este diálogo:

"Bioy: ‘¿Por qué en los Estados Unidos quieren tanto a México?’
Di Giovanni: ‘Porque es exótico y porque está cerca. Porque es tan distinto a los Estados Unidos.’
Borges: ‘El Brasil es exótico, está cerca y no queremos ir allí.’
Di Giovanni: ‘¿Aquí no quieren al Brasil?’
Borges: ‘No, nos parece un país de macacos.’
Di Giovanni: ‘¿A quiénes quieren o admiran en la Argentina?’
Borges: ‘A nadie.’ [...]
Bioy: Cito la frase de Elena Garro: ‘El hombre perfecto de hoy es negro, judío, comunista y homosexual.’
Borges: ‘La frase es injusta con los judíos.’ [...]”


En realidad me parece muy cómico, y pienso que no debería tomarse a pie juntillas. Por supuesto, también me doy cuenta de que MUY probablemente estoy equivocada por completo, y en efecto Borges, a pesar de su genio y legado, era un pendejo hablador.

Sin embargo, ¿quién está para probarlo y dictaminarlo? No porque ahora, gracias a la ciencia y la historia, sepamos que todo lo bueno y correcto está del lado izquierdo, es lógico y poco obtuso juzgarlo por su inclinación ideológica. Además, perdemos algo de vista, señores: los argentinos son todos, por definición, unos pretenciosos de mierda (¿ven cómo sí se puede ser políticamente incorrecto de forma sarcástica y exitosa?).

Conclusión: no lean Borges sobre Borges. Es decepcionante y los hará llorar mientras se abrazan a sus Ficciones y El Aleph en posición fetal. Eso, si no quieren terminar opinando como el señor Armando Loría, cuyo comentario en el texto de Manjarrez reproduzco a continuación:

No veo qué tienen de genial los vulgares, groseros, y racistas comentarios de un gran escritor, se observa una psicología retorcida y una relación amorosa platónica, que nunca mencionan pero que se sobreentiende entre estos 2 "finos" señores, ninguno se atrevió a salir del closet, su sexualidad real y reprimida la sublimaron en su excelente literatura.

Conclusión dos: el punto de todo esto es uno solamente. Que lo mucho que uno, hincha de Borges como define Hernán Casciari, se ofenda por los comentarios implacables de Manjarrez... no quita el hecho indiscutible de que su texto es un dedo en la llaga, y por lo tanto: admirable. Meterse con un ídolo no es fácil, ni recomendable. Pero Héctor Manjarrez lo hizo: tocó el tabú en aras de la liberación.

¿Hay acaso algo más políticamente incorrecto que derribar los mitos?





14 de mayo de 2009

Razones para sentirse mal


Hace rato me di cuenta -aunque ya lo sabía, pero no quería admitirlo- que soy un desastre como "adulta". Le debo a Hacienda, y no sé cuánto, y mi casero de mierda se quedó un ISR mío, así que lo más probable es que Carstens me persiga enfundado en un trajecito de
spandex morado.

¿Le exijo recibos a mi casero de mierda? ¡No-ho! ¿Por qué?

Por imbécil.

¿Y Wenceslao? He dejado consumir su disco duro de 80 gigas y se pone entendiblemente lento cuando abro Photoshop. He tratado mal a Wenceslao a pesar de todo lo que me ha dado. Ni siquiera le he comprado una funda acolchonada para sus traslados, que son frecuentes. Merece los siguientes arreglos:

1. Aumentar memoria RAM.

2. Comprar disco duro externo.

3. Comprarle funda con cierre para traslado.

4. Cubrirla con una speck color morado. O azul, o del que haya.

5. Adjuntarle un
mouse.


Y por si fuera poco...

No estoy ahorrando, no tengo idea de cuánto es mi saldo correcto en el banco, no hago listados de cuánto saco del cajero y cuántos ingresos percibo. Vivo en el limbo financiero.


En otras noticias

No lo había publicado en el bló, aunque lo hice en Facebook y en Twitter. Me corté el pelo, como hombre. Algunos dicen que no, pero me gusta pensar que sí: como hombre. Me gusta pensar que hice algo muy audaz e increíble, aunque sólo es un corte ordinario y común.



La semana pasada le estuve dando clases de Geografía a Luis Mariano, porque me di cuenta que para él China y Japón era lo mismo, y ni siquiera sabía que México está en el continente americano. Me lamenté mucho de que su maestra de ¡quinto grado! sea una maestra incompetente que no es capaz de inspirarles el mínimo amor por la orografía y la hidrografía. ¿Qué clase de cerda no se emociona con las diferencias entre una ínsula y una península?

Vimos primero el UNIVERSO, las galaxias y las constelaciones. El Sistema Solar, que ahora es más difícil de aprender (sientes como si te cortaran la inspiración con una bofetada silenciosa cuando quieres rematar con "...y Plutón"). Los continentes, incluyendo los que "a nadie le importan" (me gusta ser franca con él: que sepa que hay continentes enteros que a nadie le importan) y los océanos "que a nadie le importan" y los países "que a nadie le importan".

Luego le enseñé las capitales de los estados de México. En cada una, tal como mi padre hizo conmigo a su edad, le enseñé las pistas fundamentales:

Muuuurelos - Cuernavaca

Tomaulipas - Ciudad Victoria (un refresco queretano)

Y las cosas que come en el recreo para Quintana Roo - Chetosmal

Sin embargo, me hizo MUY FELIZ cuando le pregunté por Coahuila dando un saltito, y Luis Mariano me contestó radiante:

¡Brinquillo!



Fuera de eso, nada interesante. O sí.



11 de mayo de 2009

Si mi capacidad de convocatoria fuera así de exitosa todos los días...


Hallábame ayer, cercana la madrugada, tuiteando con entusiasmo y devoción, como es mi costumbre. De pronto, noté algo que ya había notado pero que esa noche, no sé por qué razón, me pareció más antipático que de costumbre.




Entre los "trending topics" de Twitter (o sea: el tema del que todo mundo está hablando en ese determinado momento) estaba el chingadísimo "goodnight". Pensé entonces que todos los gringos eran unos idiotas que sentían deseos imperativos por estar deseándole buenas noches a todos sus seguidores, como si alguien diera una naranjada por ellos (ver "no entiendo una naranjada" en lugar de "no entiendo un carajo"). Odié la imagen mental de un montón de gringos de cabello rubio grasoso, barros en la cara, con playeras del tío Sam y una hamburguesa en una mano (que es el estereotipo gringo, tan justo y adecuado como el estereotipo del mexicano/argentino/gallego/chino/vietnamita/sierraleonés) escribiendo "goodnight" nomás porque todo mundo lo está haciendo.

He ahí el meollo: que los
trending topics son hablar de lo que todo el puto mundo está hablando. Por citar al tuitero D1eg0: "Twitter es What are you doing, no debería ser What's every fucking moron doing".

Así que, en un arrebato de espíritu revolucionario y estulticia adolescente, decidí crear un TRENDING TOPIC tan imbécil y estúpido que toda la tuitósfera lo recordaría por siempre jamás. Por supuesto, surgió en el ardor del momento y sin ninguna planeación whatsoever, así que el resultado:


Mi convocatoria tuvo un recibimiento más que cálido, y de pronto, a pesar de ser una hora en la que todo mundo tuiteaba lo insomne que se encontraba o lo mucho que extrañaba, de forma críptica por supuesto, al sujeto/sujeta que le rompió el corazón, el #chingasatumadre (que es como uno debe "resaltar" el tema: sí, con un signito de número) (no me miren a mí, yo no inventé tal arbitrariedad) se reprodujo como larva cibernética.



Razones para su popularidad:

1. Nos gusta la palabra "chingar". Es muy mexicana. Es el aporte más encantador del léxico vernáculo al castellano y, como todos sabemos, sus acepciones son infinitas.

2.
Chingar a tu madre sonaba más que adecuado en la madrugada del 10 de mayo.

3. Resultaba un desahogo eficaz y rápido.
#chingasatumadre lunes, #chingasatumadre flojera, #chingasatumadre trabajo, #chingasatumadre si no pones #chingasatumadre, etcétera, etcétera, etcétera.

4. Por último: somos simplones. Nos costaría mucho trabajo tener iniciativa y participar activamente en algo que realmente rinda frutos, pero no encontramos difícil adherirnos a una modita fugaz y jocosa. Además, ¿qué trabajo costaba poner #chingasatumadre en cada actualización del día? ¡Nada!



Observaciones fundamentales en torno al #chingasatumadre

¿Se acuerdan cuando regresaron las Pizzerolas, las ORIGINALES Pizzerolas con forma redonda que venían en empaque verde bandera? El fenómeno nos tomó por sorpresa -aunque ni siquiera me acuerdo qué estaba haciendo ese día, y ni siquiera estuve en Twitter, maldita sea- y Jorge Pinto desató una epidemia: la epidemia verde.

El #chingasatumadre no podría tener su encanto por dos razones fundamentales:

1. Jorge Pinto es Jorge Pinto. "LilianTheNerd" es... esa tipa que actualiza demasiado, llena los timelines de la gente y siempre se está quejando. No muy agradable a la vista. Y claaaaaro, no es que quiera ser demasiado paranoica/protagonista/con delirio de persecución/sociópata, PERO hubo quien no le entró porque, pues, le caigo mal. ASH. Ni que me importara su amistad demasiado

(esperen: dejen lloro un poco hecha bolita bajo la regadera)

2. El #chingasatumadre no nos llega como las Pizzerolas. No es algo que nos recuerde nuestra infancia, ni nos lleve de la mano a un momento exacto de nuestro pasado que ya habíamos olvidado, ni nos reviva sensaciones, olores y sabores. #chingasatumadre NO son las Pizzerolas, maldita sea. No son los recreos en la primaria, ni las tardes viendo Thunder Cats, ni el club de Gaby, ni nada de eso. Es sólo una estúpida grosería.

Estúpida y sensual grosería.

Pero el #chingasatumadre me hizo muy feliz. Su popularidad creció a niveles insospechados, y los tuiteros lo hacían con entusiasmo y valor. Era, después de todo, una empresa justa y valerosa: se trataba de demostrarle al mundo que los Trending Topics eran una idiotez. Fue como dejar a un perro muriendo en una exhibición de arte con el objetivo de CONDENAR a la gente que deja a los perros morir de hambre. Genial, ¿no?




Lo que más me entusiasmó fue descubrir que tuiteros que yo ni seguía, y que ni me seguían, habían abrazado el #chingasatumadre con fervor. Cuando reclamé mi autoría, hubo quien me preguntó: "Nah, ¿a poco a ti se te ocurrió?" (@y0rch_ para ser más exactos). Me sentí satisfecha... y un poco avergonzada, pero qué se le va a hacer.









Quisiera agradecer a todos los que apoyaron la causa. Espero no perder nota, será arduo pero lo intentaré. Si usted participó y no vio su nombre aquí, por favor deje constancia en la sección de comentarios con todo e impresiones generales:

Sin orden en particular:

@Borchacalas, @Caesare, @_PiNkY_, @Quechy, @mwff, @pacharrin, @mitzina, @marvin_irl, @ragazza007, @omarsaurio, @mrtnclzd, @justdanito, @jassina, @Valladares, @staregirl, @davidlh, @Esttibalys, @chinese_burn, @DonRul, @Maikol83, @alinesalazar, @annievenenosa, @sodadigital, @medicenjei, @FreemanAMG, @edgarcartre, @sQrs, @NaveganteJL, @elmccoy, @Maxita, @isopixel, @mauropm, @solsupernova, @il_Debasteitor, @zepzilia, @MJVega, @Nest0r, @diamandina, @dadaisis, @karof, @Beam, @jorge166, @jairtrejo, @g_clayton, @xibranc, @xponcho, @CelisAtlantista, @in_lack_ech, @Thermoplasta, @LoLaRoCKeR, @paumal, @dlarar, @MarciandreA, @diegoehg, @Cupto, @ricardore, @ixtepan, @Chavaluria, @trixivie, @andresmedina, @el_morris, @thedarkengel, @monjarock ... Y VARIOS MÁS, pero ya me dolió la mano.



¿Lo logramos? Al parecer. En algún momento en la mañana, aunque yo estaba en junta y ni me di cuenta. Maldita maldición.




¿Qué aprendimos de esto? Nada, esencialmente.

Salvo que los gringos SON estúpidos.

Ayer, aunque no lo crean, el TRENDING TOPIC número 1 era "Apple Shampoo". Así nomás. Quise indagar y creo que es una canción infantil. Me informan que es una canción de Blink 182, uno de cuyos miembros empezó a debatir al respecto. BAH. Sigue siendo tonto.

Lo que demuestra que son unos idiotas es que, al día siguiente, seguía siendo el tema de moda simplemente porque era el tema de moda y la gente se preguntaba por qué era el tema de moda. ¿No me creen? Véanlo ustedes mismos:



Y si se preguntan de qué habla la tuitósfera en este momento, no se quiebren demasiado la cabeza. Aquí lo tienen:




Por lo visto los gringos todavía recuerdan a Cosby, el negro que usaba suéteres felpudos, y también creen que Vancouver es una ciudad que tiene mucha onda, y piensan en este momento cuál sería su jodido nombre Twitter porno. IDIOTAS.





Le ganamos al sistema. Propongo un aplauso para los involucrados. Sudamos, reímos y lloramos. En algún momento pensamos que no lo lograríamos, pero lo hicimos. #chingasatumadre nos unió.


Y volvería a hacerlo.




Actualización:

Nuestro compañero Jair Trejo, el geek que todos llevamos dentro pero sin albur, creó una herramienta a la que no le entendí una naranjada para ver quién y cuántos tuitearon el #chingasatumadre, y creo que fueron alrededor de 341 tuiteros. ¡Bravo por nosotros!

He aquí el link.


Actualización 2:

Ya vi quién es el responsable de tanto alboroto (bueno: me lo comunicó el tuitero Mr. Wolf: o @davidhl). El maldito Mark Hoppus, que se ha propuesto una empresa similar a la mía, con la salvedad de que él es famoso y logra sus cometidos en menos de lo que maulla un gato. Eso es lo que yo suelo llamar "competencia desleal", ante lo cual sólo me queda quejarme como nena en mi bló.

Y si no me creen, ¡MIREN CON SUS PROPIOS OJOS! (alguien debería decirle que nos haga el favor de poner #chingasatumadre en los Trending Topics).




Te odio, Mark con apellido de griego. TE ODIO.




10 de mayo de 2009

Y después de casi 10 días, regreso y...


Lo primero que encuentro, al pie de la puerta, es un recibo caducado.

Antes, en el primer piso, me ofrecí a subirle la maleta a una viejita rara que vive en el piso de arriba. A pesar de que traía dos bolsas y mi mochila, ahí me tienen subiendo cuatro pisos con la maletota, a paso de tortuga detrás de la vejuca que no se quitaba del paso. Me odio por cortés y bondadosa y socialmente sensible con las clases desprotegidas.

No me cortaron el gas, ¡albricias! Sus amenazas impresas en papel semitransparente no surten efecto en mí.

En el baño, el espejo hecho pedacitos sobre el lavabo. Supongo que una ráfaga de aire lo despegó. Eso, o el Acosador del 16 consideró muy atrevido venir a meterse a mi casa, y en lugar de oler mi ropa interior y romper mis fotos, fue y tiró el espejo del baño. ¡Uoh, qué sagaz!

En el refrigerador, un jugo de naranja casi a reventar, la leche Santa Clara convertida en delicioso queso Santa Clara, y un Ades de consistencia cercana al vómito.

Mi planta, muerta de sed.

Unos manchones azules en la pared del excusado.

Mi Wenceslao abandonado sobre el escritorio, cubierto de una fina capa de polvo.

Una bola de ropa sucia en un rincón. Trastes lavados sobre la tarja, ahora otra vez sucios.

El recibo de la lavandería. Mi ropa lleva ahí casi 10 días. La señora, quien antes solía llamarme Silvia pero ahora ya sabe que me llamo Lilián y que uso ropa interior con dibujos de animales de granja, debe pensar que morí de influenza.

Todo se ve tan abandonado.

Pero me siento inmensamente feliz de regresar a mi hogar.




Oficialmente: éste es el post donde más he hablado de mi ropa interior. Púf: como si lo quisieran saber.



9 de mayo de 2009

No soy buena amiga


Tampoco he sabido, cuando he tenido la oportunidad, ser una buena novia. Ni hermana, ni hija, ni nada que implique desprenderse del egoísmo fundamental. O nada que implique tener detalles, hablar con sinceridad, llamar por teléfono de vez en cuando, demostrar cariño.

En el primer semestre de la prepa, Imelda era mi mejor amiga. Yo recién había llegado a Querétaro, no conocía a nadie y me costaba trabajo socializar. Sin embargo, aún hoy, me doy cuenta de que nunca hice un esfuerzo tan grande como entonces.

A Imelda la escogí, por decirlo de algún modo. Estábamos en una clase, la vi dos butacas adelante, y noté cómo se reía y cómo era simpática y cómo los demás la apreciaban y la consideraban una tipa agradable. Así que le hablé un día en el baño, así nada más. Y desde entonces fuimos amigas.

Pero siempre hubo una barrera entre nosotras. Aún no lo sabía, pero se gestaba en mí esa rebelión adolescente que ahora, vista a la distancia, es absurda... pero que entonces era letal. Un desinterés atroz se apoderó de mí y poco a poco me convertí en la puberta apática llena de ira, me abandoné a la depresión y a un modo de vida que yo creía muy marginal, pero que ni siquiera era medianamente subversivo. Además, claro,
Imelda no me comprendía. ¿Quién podía comprenderme? ¿Quién podía interesarse en las mismas cosas que yo?

Imelda era el tipo de amiga que te escribe cartas por cualquier motivo, que te pregunta por qué estás triste, que te lleva galletas hechas por ella misma si estás deprimida, que te anima a hablarle al sujeto que gusta, que te presenta otros amigos y te invita a fiestas... Y yo, simplemente, no podía lidiar con eso.

Puede que mi concepto de la amistad esté maltrecho. Luego conocí a Fanny y a Carla, la misma apatía generalizada, la misma ira tonta y adolescente, el mismo gusto por conductas como levantarse tarde, escuchar a Placebo en
repeat sin decirse nada, relegarse de los demás sin motivo y sólo andar por ahí sin cuestionarnos sobre nuestros sentimientos, anhelos y esperanzas.

Un par de años después, Imelda me preguntaba qué había hecho mal. Y me vi explicándole que
no era ella, sino yo... Y preguntándome, en el fondo, por qué actuábamos como esas parejas tontas que deben aclararse cada motivación y gesto, cada acción y consecuencia. Me sentí muy cansada de no poder corresponder su amistad con la misma intensidad, con el mismo entusiasmo, con todos esos gestos sencillos que ella, con todo su derecho, esperaba: comprenderla, escucharla y animarla, simplemente.

A la fecha, me siento muy triste cada que pienso en Ime. En cómo nuestra amistad siempre fue una línea recta en la que ella siempre andaba atrás de mí, alcanzándome, de modo disparejo e injusto. Y cómo, en contraposición, con Carla y Fanny siempre fue muy fácil, quizás porque nadie esperaba nada de nadie. Porque era natural. Porque teníamos ganas de ir a los mismos lugares, escuchar la misma música, ver las mismas películas, hablar de los mismos temas, e integrarnos, sin resistencia, a un sector de la sociedad que tampoco esperaba nada de nadie. Ah, la apatía de la adolescencia.

Creí, absurdamente, que siempre sería así. Que me conduciría por la vida conociendo a muchas Carlas y Fannys que tampoco esperarían detalles cursis de mí, ni que me comportara como esas amigas que se acompañan al baño y se prestan la ropa y se apoyan en todo jodido momento. Ya lo dije: soy egoísta. Pienso en los amigos como prolongaciones vivientes de la diversión y la felicidad, como los recipientes de anécdotas que alguna vez viví, y -sobre todo- como Wikipedias con bocas con las que nunca me canso de conversar. Y, por eso, siempre espero que sólo vean eso en mí.

Vamos: me gustaría vivir mi vida sin que nadie, absolutamente nadie, esperara nada de mí. Ya me he dado cuenta de que no soy sincera ni abierta, sino que
me sumo en el silencio y doy pie a la malinterpretación. Que pido demasiado tarde, cuando mi solicitud ya es más bien exigencia, y una exigencia demasiado obsoleta por lo demás. Que, en el fondo, no merezco tener ni la mitad de amigos que tengo.

Creo que ya lo había dicho.

Soy una basura. Eso no impide que, a veces, me dé cuenta de cómo no he podido alejarme de lo que Imelda significó para mí y sienta una punción entre el estómago y el pecho... que sólo puedo definir como culpa. Y nostalgia. O impotencia, esa impotencia de saber que tenías todo en las manos para darlo y decidiste, casi por ningún motivo, no hacerlo.

He conocido otras Carlas y Fannys. Ahí están: no les diría jamás que los quiero (porque los quiero), salvo si estoy demasiado intoxicada como para saber lo que estoy haciendo. Nos vemos, hablamos, charlamos, nos regresamos para nuestras casas... No hace falta ponerle palabras a lo evidente, porque ellos me hacen feliz sin que se los diga.

Pero he conocido otras Imeldas. Y no sé por qué, si ni siquiera soy la clase de persona que merecería tener una amistad así... Y de nuevo, el círculo se repite: para estas personas, cualquier cosa que les dé no será suficiente, aún cuando mi torpeza emocional me haga creer que lo es.

Sólo quiero decirles, por ocasión única, que lo siento muchísimo y que los quiero. Y que lamento de veras no ser la clase de amiga/novia/hija/hermana que merecen.


7 de mayo de 2009

TERROR matutino


A ver: les voy ir aclarando una cosa.

Mis papás NO viven en Querétaro.
Vivíamos. No más. El clima, la mochez, los panistas, el ángulo de ciertas calles, la manera en que la gente suele mirarte cuando tiene prisa, la oferta excesiva de gorditas de maíz quebrado... En fin, ¿cómo podían soportar más tiempo viviendo en un lugar así?

Nuestro pueblo se llama Polotitlán de la Ilustración. Sé que les parece increíble, pero es la verdad. Así se llama. Polotitlán, cuya raíz etimológica es "lugar de los Polo". Los hermanos Polo, una bola de zoquetes buenos para nada que tenían bigote, fundaron este pueblo hacia el siglo XVIII. Fue una mejora, después de hacerse llamar "El Ventorrillo". Verídico.

Fotos:


Laralei-Laralai



Detalle del kiosko, auténtica réplica de un kiosko chino... de Tepito.


Así que, cuando digo que me la estoy pasando en casa de mis papás, es LA casa de mis papás, no el departamento que rentábamos en Querétaro (que era grande y tenía mosaicos en el piso y una mancha de vino en mi cuarto que en realidad hizo Paty la primera vez que departimos sanamente ahí).

Atrás de nuestra casa hay una milpa muy grande. Antes era fantástica, aunque ahora ya se está llenando de casas. Oh, la sobrepoblación es un concepto tan triste...

El punto es que a mí me mandaron al cuarto de abajo, donde almacenan los triques. Este post de Jei es extrañamente similar a mi situación. Mi buró es un CPU viejo -pero al menos tiene la altura adecuada para poner mi celular y otros artículos de uso diario, como la aguja con la que me inyecto heroína y unos cuantos látigos.



¡Al grano, al grano! (grita un lector desesperado, que ya quiere pasar a la parte del TERROR descrita en el título)


Ah, sí. Anoche, después de escribir unas cuantas sandeces, procedí a desconectarme las neuronas viendo la tele. Así que estaba, pues, viendo la tele... en el cuarto de tele, que es donde hay una tele y, pues, algunos sillones y... cosas propias para ver la tele, cosas que te hacen más placentera la acción de ver la tele, cosas lindas, ustedes saben.

En eso, un ruido. Abrí la cortina. La milpa desierta. Continué viendo Nickelodeon, digo... Discovery Channel.

Otro ruido. Como de pasos. Valientemente, decidí ir a esconderme bajo las cobijas de mi cama. La cortina estaba entreabierta y, en mis delirios, pensé que quien quiera que estuviese ahí podía verme.

¡Shazam!


Ahora sí: la parte terrorífica


En tales circunstancias, ¿no les parecería TERRORÍFICO recibir un mensaje de un número desconocido a las 7 de la mañana que diga "¡Ya despierta! ¡Ah, yo no estoy afuera de tu casa!"?

¿No les daría TERROR?

Pues a mí sí me lo dio. Con dedos trémulos, tecleé un "¿Quién eres?".

La respuesta no me dejó nada claro, porque iba más o menos "Fulano, ¡sí estás despierta!"

¿Huh?

Hice una rápida inspección cerebral, hurgando mentalmente en mis archivos de memoria. Hasta que, de pronto, todo fue claro.

Recordarán que el día en que la influenza se apoderó de nuestras vidas, yo me salí a andar en bici muy temprano por la mañana. De casualidad, llegué hasta la calle de unos amigos, a quienes nombraremos Essex y Lemus (lo linquearía, de no ser porque súbitamente consideró esto de los blogs como algo absolutamente pueril y enajenante) (aunque eso no le impide tuitear con enjundia). Como sabía que estaban crudos, porque sin ir más lejos los había arrastrado al Covadonga la noche anterior, decidí gastarles una bromita infantil: despertarlos con mis toquidos.

Lo triste es que mi broma no prosperó, no me escucharon, nadie me abrió, y tuve que pedalear de vuelta a mi casa triste y sola -sorteando los oficinistas neuróticos a lo largo de Monterrey y Florencia, ¡hijos de puta!-.

Dos semanas más tarde, al Diego se le ocurre hacerme la misma bromita por mensaje. Ay, qué tierno. Lo malo es que no contaba con que había escuchado pasos afuera de mi ventana la noche anterior y que sentiría TERROR.

El terror matutino.













¿No sienten como que éste ha sido el peor post de mi historia bloguil?



4 de mayo de 2009

Odio a mi casero


(Uf: escribir ese título fue tan liberador como despojarse de las ropas en un día soleado, o darle un bofetadón a nuestra suegra idiota, o soltar un ronquido fenomenal en clase de Álgebra IV)

(Habrán notado que en estos días de asueto y de comida casera, me resultaba difícil escribir un post agrio y desbordante de ira, que son los que de veras molan un mogollón).

Pues bien.

Odio a mi casero. A ese cerdo fascista pendejo con delirio de persecución, mal tino para vestirse y modales de trailero enmonado que suele referirse a mí como "señorita Lilián" con algo que él cree cercano al sarcasmo, pero que ni siquiera (¡ni siquiera, he dicho!) se acerca a la pena ajena.

En primer lugar, es un maldito paranoico. Cuando firmamos el contrato tuvimos que ir a la oficina de mi tío, que está en la Anzures. Enfrente está un café al que ya había ido porque pertenece a la hermana de cierta señorita buena onda con la que alguna vez hice un frílans (¿huh?). Como no recordaba la ruta exacta, dimos unos cuantos rodeos y le preguntamos al conductor de un pesero que pues qué onda, carnal, qué pedo, por dónde nos vamos, no mames, no entendemos una naranjada (mi nueva forma políticamente correcta de decir "no entiendo un carajo": no entiendo una naranjada).

Y entre tanto, ¿saben qué me dijo el idiota casero?

"Uy, señorita Lilián, ¿cómo que no puede llegar a la oficina de su tío? ¿Qué nunca lo visita? ¿Qué no es su tío? ¿Qué no comparte algún pa-ren-tes-co con él?


Me daban ganas de contestarle:

"Ah, claro. Pues fíjese que no, no es mi tío. Es sólo un señor al que vi una vez afuera de una tiendita y al que le ofrecí que por cincuenta pesos se ofreciera a ser mi aval, firmara un contrato y un pagaré por un año; nada más, ¿por qué se apura?"


Cerdo fascista.

Pero la culpa (como filosofía de mamá que se autocompadece) la tengo yo. Sí, porque fui incapaz de darme cuenta de que un departamento tan barato en una zona tan céntrica y que encima tenía una tina (JODER: una tina, ¡una jodida tina, como en las películas!) no podía ser sino un chanchullo de esos... De esos que al final del día, con la ropa hecha jirones en el suelo, te hacen gritar con las manos en alto: "¡Nooooo! ¡Todos menos yo... y mi tinaaaaa!".

Claro: el departamento se está cayendo pedazo a pedazo. He gastado sumas obscenas en plomería. Los vecinos, por supuesto, son un hato de animales sin cadena a los que sólo les falta subirse en un risco, darse de golpes en el pecho y gritar "¡Aaauuuuuuuu!" hasta que les duelan los pulmones.

Cerdos imbéciles.

Ah, pero no tenga yo el atrevimiento de retrasarme un maldito día en la paga. Uuuuuuuy, no. Alá no lo mande. No, por favor. Todo menos eso.

El viernes me manda un ese-eme-ese: "Señorita Lilián, ¿a qué hora me va a depositar?". Le contesté "OK" y me seguí durmiendo. No tengo idea de por qué lo hice, si no suelo mandar mensajes de una sola palabra por considerarlos idiotas y redundantes, y además no tenía la mínima intención de pagarle... Supongo entonces que entre sueños tomé el celular, apreté dos teclas y me volví a dormir.

Luego comprendí mi error. ¿Cómo CHINGADOS iba a haber un banco abierto en primero de mayo?

A pesar de que ni siquiera salí de mi casa, le contesté que había recorrido un mar de calles y no había encontrado un solo banco pero que "oh, disculpe, señor, haré lo posible por depositarle el lunes".

Y hoy, HOY 4 de mayo, me dijo por ese-eme-ese (o sea: mensajito de celular, no vaigan a creer que chateamos y todo) que ME IBA A COBRAR INTERESES.

Le recomiendo, como un lector harto simpático en El Chamuco dijo en una carta, que haga sus intereses rollito y se los meta por donde le produzca más placer.

Cerdo idiota.



2 de mayo de 2009

Posts que se quedaron en el tintero

Por alguna razón, achacable a muchas otras razones, no se me ha ocurrido nada qué postear. Ninguna idea agradable ha cruzado mi cabeza, ninguna anécdota interesante con algún taxista idiota ha tomado lugar (los últimos cuatro que he tomado han sido sujetos más bien callados y sin tema de conversación), ningún odio lacerante me ha atravesado como una llaga fulminante: nada.

La verdad es que el jueves tomé un montón de ropa de la cómoda, la hice bola y la metí en una mochila. Tomé el metro, luego un autobús, y me vine a casa de mis papás. Fue como lo que haría una treintona frígida luego de terminar con su novio adicto a las apuestas y a los billares de poca monta. Lástima que yo apenas tengo veintidós y... pues eso.

Acá me he dedicado a dos cosas primordialmente: comer y leer. Es una vida relajada. Tengo chamba, ciertamente, pero supongo que llegará el momento en que mágicamente pueda tener un poco de concentración y sentarme frente a la computadora sin hacer búsquedas en Google como "¿qué fue de la leche Boreal?" y "películas en donde salga Giménez Cacho".

En el ínter, pienso en todos los posts que nunca llegué a escribir. Había uno por encargo, pedido expreso de mi amiga Fanny, en el que hablaría de por qué ciertos hombres insisten en besar lo más babosamente posible. Y cuando digo babosamente no me refiero a torpemente (eso está claro) sino, de hecho, a eso: empleando ocho litros de baba en el acto. Me hubiera gustado armar diagramas mal hechos en Photoshop, con imágenes de una lengua masculina metida como siete centímetros más allá de donde está permitido, y luego otro con una marquita bien definida que mostrara hasta dónde DEBEN entrar. Luego haría algunos comentarios ácidos sobre cómo cierta gente cree que mientras más agresivos, mejor besan, o que violencia salival es igual a pasión irresistible.

Pero no se me dio la gana jamás. Luego estaría otro post que soñé, muy metafórico, sobre una tipa que le respondía con groserías a su jefe y cómo yo concluía: "me dio mucha tristeza". No es broma, eso soñé.

Luego un post como éste de Ira Franco, que está más allá de todas mis posibilidades. Otro donde comentara en algún renglón que lo malo de estar en casa de mis papás es que no puedes recargar la cabeza sobre la mano y mirar algún punto fijamente, porque de inmediato te preguntan "¿Qué pasa?" con alarma, esperando que a continuación recites un tratado pormenorizado sobre tus sentimientos y esperanzas en el futuro.

Había otro muy lacrimógeno, de esos que sólo tienen un destinatario definido pero que igual no tienen empacho alguno en ser publicados en la red para el feliz escrutinio de todos los cibernautas del universo. Tendría, me imagino, cosas como "recuerdo la primera vez que te vi..." y "no lo sabes, nunca te lo he dicho, pero..." y "la última vez que nos vimos, cuando me despedí de ti, pensé que..." y "no hay en este mundo mejor que tu olor..." y "no era mi intención darte ese macanazo con el extinguidor..."

Pero no.

Escribo este post con mi mamá fumando y viéndome. La pasguatez, el libre albedrío, la tranquilidad que te da estar en tu propia casa y vestirte con unos calcetines de aretes y embadurnarte la cara de aguacate sin que importe y dormirte a las 5 de la mañana sin que nadie te esté diciendo "ya es tarde, ya duérmete"... son cosas que no conozco aquí. En cambio: la comida casera, charlas sobrenaturales, mis sobrinos chocando su cochecito contra el sillón en el que me encuentro leyendo. Me la paso bien aquí. Si llega el ataque influenzombie, al menos estaré con ellos, a salvo.



28 de abril de 2009

Si el universo no da un centavo por usted, mándelo al carajo y fabríquese sus propios tapacubrebocas


He pasado toda la tarde en labores de manualidad, lo cual sorprendería a todas mis profesoras de "artísticas", que tenían que contener el vómito en proyectil y la repulsión natural ante la vista de las porquerías que yo llamaba "manualidades" y "regalos del día de madres".

Mis dedos son torpes, excepto para la mecanografía. Escribo tan velozmente y con todas las teclas que la gente debería rendirme pleitesía todos los días, para enseguida escupirme si viera lo que yo aún llamo "manualidades" y "regalos del día de madres".

Este "hágalo usted mismo" fue inspirado porque hoy fue un día de LA CHINGADA. Un señor casi me atropella en Chapultepec: me gritó cosas que no deberían reproducirse en blogs que se cuidan mucho de no poner groserías como "verga", "pendeja" y "José Ángel Córdova". Luego hice otra vez peregrinaje por múltiples farmacias, con nulos resultados. Me subí a un microbús en Reforma y el idiota chofer se iba parando cada dos minutitos, como si estuviera impelido por una oscura fuerza que le ordenara: "vamos, detente por ninguna razón, pórtate como un imbécil, y sé desconsiderado con la prisa y desesperación de tus pasajeros". No me acordaba que todos los restaurantes estaban cerrados, e hice procesión con mi papá por todo el maldito centro histérico... Finalmente, tuvimos que meternos en una fondita de poco pelo en Bucareli, que tenía los pececitos de Jesús en la carta y en donde se tardaban exactamente ocho trienios en atender tu maldita orden. Ahí había un par de gordos devorando unos plátanos machos con crema que casi me hicieron vomitar. Fui a Soriana Tacubaya y una cajera babosa se portó muy, eh, babosa. Llegué a mi casa y me di cuenta de que el plomero arregló la perilla del calentador, pero provocó una gotera en la regadera que dejará muertos de sed a 100 millones de niños en Somalia...

Así que tuve una resolución:

FABRICAR MIS PROPIOS TAPACUBREBOCAS.


Instrucciones:

1. Hágase de los siguientes objetos: un paquete de Magitelas del color de su preferencia, un paquete de hilo elástico, tijeras, un lápiz, hilo y aguja.


2. Dibuje un contorno de tapacubrebocas sobre su tela.


3. Recorte.



4. ¡Shu-shu! No se apendeje con las declaraciones de estos pendejos. Continúe con su labor.



5. Cosa los lados con el hilito elástico por dentro. Tenga mucho cuidado de no pincharse los dedos. En tal caso, lance una imprecación lo suficientemente sonora como para que sus vecinos le tengan respeto y piensen: "esa chica sí que es ruda, será mejor no acercarnos a ella".


6. Cometa tantos errores como le sea posible. Ejemplo: desechar el contornito de cubrebocas porque, joder, no es práctico. Optar, luego entonces, por un rectángulo grande y sonriente. Pincharse los dedos. Gritar mariconamente. Meter los hilitos por donde no van. Repetir operación. Fijarse en YouTube cómo hacer uno. Repetir. Tenga especial cuidado en hacer puntadas chuecas e irregulares.


7. Listo. Tiene un bonito cubrebocas hecho de Magitela color verde, para presumir por la calle.


8. También hay en rosa.




9. Agregue lentes para un look más interesante, que hará que la gente lo vea con pánico por las calles.




¡Actualización alarmante!

El compadre D1eg0, que escribe su nombre con números y dice cosas como "está suave" y realmente cree que la publicidad salvará al mundo, puso en un comentario acá abajito que se parece al iconito que circula. No tenía idea de cuál iconito y luego Luis Frost me lo roló por messenger. Helo aquí:



Se le nota que quiere ser como yo.




27 de abril de 2009

¿Qué tengo que hacer para conseguir un cubrebocas?


No, en serio. ¿Qué diantres le pasa al universo? ¿Acaso tengo que pintarme la piel de verde, desorbitarme los ojos con un tenedor, raparme el cabello en sitios estratégicos y salir con muletas para que las putas farmacias me concedan el PRIVILEGIO de venderme un pedacito de tela con hilitos en cada lado?

Díganme si tengo que hacerlo, y lo haré. He visitado como 7 farmacias, no sólo en el DF sino en Querétaro (donde tuve oportunidad de ser parte de la ÚLTIMA reunión de la que formaré parte en mi vida post-adolescente), y en todas me dicen, apenas entro:

"NO, muchachita, no tenemos jodidos cubrebocas. ¡Salid de aquí inmediatamente!"


Cerdos.

Subrepticiamente, este artefactito hecho por niños de la Sierra Leona huérfanos es más valioso e inalcanzable que los rubíes que la reina Sofía se ponía para irse de baile con su esposo Juan Carlos, el mismo de POR QUÉ NO TE CALLAS, JODER.



La gente no respeta a los hipocondriacos; nos tienen por dementes con problemas de autismo, nula vida sexual y baja autoestima. La verdad es que los hipocondriacos son los pioneros en algunos de los más increíbles avances en cuanto a calidad de vida se refiere:

1. Gel antibacterial.

2. Gotas de manzanilla para los ojos.

3. Descongestionantes nasales.

4. Vick Vaporub.

5. Yakult.

6. Las películas de Woody Allen.

7. Esponjas reforzadas con granito de las cuevas de Tuxtla Gutiérrez, para una exfoliación profunda.

8. Kleenex anti-virales. Los hay. Se vendieron por montones el pasado diciembre.


La verdad, ya lo dije, estoy aterrada. Pero el miedo es, por definición, irracional. No traten de convencerme de que un atropellamiento es más letal y probable, porque para mí es como si me hablaran en un dialecto mandarino que dejó de hablarse hace exactamente nueve centurias.

Lo expresé en Twitter: es irrespetuoso y ojete que la gente que está muuuuuy calmada nos hable con tanta condescendencia. Traten de, no sé, por una vez en su vida ser un POQUITÍN empáticos. No por ser tan ecuánimes están libres de contagio, cerdos.

(ya saben que mi insulto favorito no podría ser más adecuado en estos momentos: CERDOS)



En noticias más serias...

La ciudad no está exactamente vacía, pero hay algo en ella que sin duda está fuera de lugar. Como un cuadro en la pared ligeramente desviado ocho grados sobre su nivel: nada demasiado alarmante, salvo el hecho de que el 75% de la gente usa cubrebocas y te mira con desconfianza, pero de todos modos perturbador.

Como una gran fanática de las películas sobre el Holocausto Zombie, me siento un poco en ese estado de alerta en el que apenas intuyes que todo está por irse al caño. Estamos en el foco de la infección, en la ciudad -por las cifras- más peligrosa del MUNDO. Caminamos como por inercia, con miedo y parsimonia, sabedores de que un paso en falso y, sin más, la muerte. No quiero ser catastrofista, saben que no está en mi naturaleza -fin del sarcasmo-, pero tengo miedo. No sé exactamente de qué, no lo tengo muy claro aún, pero me aterroriza pensar precisamente en eso: en el no saber.

Todos los desastres comienzan en la incertidumbre.

Actualización:

Las compras de pánico son asquerosas. Los productos más deseados son los jabones antibacteriales (¿cómo es posible que antes pudieras incluso elegir combinaciones exóticas, y ahora sólo te dejen los de olores feos de hierbitas y lácteos?), el Aderogyl y el Cevalín. Cambié todos mis jabones, que eran de glicerina y expelían aromas a baños noruegos, por puro Escudo ultra-protección de color y sabor de flojera. En la fila vi a una tipa que golpeaba el piso con el zapato, traía DOS tapabocas y compró como cuatrocientos diferentes productos de limpieza. Ahí supe lo idiota de nuestra actitud. Para no desentonar, hice lo propio.

Y me compré una planta. Es como mi zapatito de bebé en ¡Viven! Esta planta y yo llegaremos con vida al final de la epidemia:

Le tuve que comprar una maceta gay o no sería yo. La nombraré... ¡APE 2000!



25 de abril de 2009

Miedo a morir

Ayer me levanté a las 6 de la mañana, no por decisión propia sino obligada por las circunstancias. Estaba ligeramente cruda, lo admito, pero aún así tuve la suficiente presencia de ánimo como para ponerme unos pants y una sudadera con circulitos que marean si la ves de lejos.
Bajé mi bicicleta los tres pisos, al borde del colapso, y me lancé a una mañana infeliz. Di vueltas por el parque España, por la plaza Río de Janeiro, por el parque Luis Cabrera, a lo largo de Álvaro Obregón, por las calles de Tabasco y Tonalá, y finalmente a través de la infame ciclovía de Chapultepec. En mi trayecto me di cuenta de algunos hechos perturbadores:
1. Las mamás idiotas llevaban a sus hijos a la escuela. Unas por despistadas, y otras porque no les importaba que sus hijos murieran con tal de hacer su prueba Enlace. A unas y a otras les comuniqué, muy amablemente, que no había clases. También agregué un "señora idiota" al final de cada frase. Ninguna me hizo caso.
2. La gente usaba cubrebocas, y se alejaban cuando yo me acercaba para desearles un bonito fin de semana.
3. Algunos automovilistas me susurraban frases ininteligibles, sin importarles que yo trajera mis audífonos puestos y que por puro atrevimiento me pasara algunos altos, pero supongo que eran buenos deseos y recomendaciones de seguir por el buen camino.
Para cuando llegué a mi casa y me senté un rato a ver las noticias, una sensación inexplicable se apoderó de mí. Era una mezcla de incertidumbre y pánico. Miré mi kit anti-Holocausto Zombie, colgado en una vitrina sobre la pared, y pensé: creo que esto no nos servirá esta vez. Bajé las escaleras atropelladamente, armada de una bayoneta y siete cajas de somníferos, y les grité a los que pudieron oírme que estábamos perdidos. Luego subí de nuevo, clavé clavos en la puerta arbitrariamente, puse dos pedazos de madera en las ventanas, me metí a la cama con una linterna, y le recé a Alá que la fiebre pasara pronto.
Un par de horas después, motivada por la verdadera pandemia (la hipocondría, esto es), empecé a toser y a sentir que desfallecía. Me convencí de que estaba infectada, hecho muy explicable dado que la noche anterior había departido en un par de barecillos infestados de gente, de horrible gente infectada, y pensé que ya todo estaba perdido. La amenaza se había cernido sobre mí.
Siempre he tenido miedo de morir joven. Es un miedo absurdo, pero probable. Siempre que he tenido ocasión de sentirme cercana a la muerte -como cuando me atropelló una bicicleta o cuando una torta de choriqueso me cayó mal o cuando tuve la certeza de que estaba contagiada de ébola- pienso en una cosa solamente: mis pendientes. Todos esos archivos de Word a medias, con anotaciones jocosas como "introducir conflicto de intereses en el capítulo quinto" o "nuevo personaje: maniaco depresivo obsesionado con las fobias". Esos textos a medias, remedos de literatura de quinta, y cómo jamás podrán concretarse porque en vida no tuve la suficiente fuerza de voluntad para acabar todo lo que empezaba.
Naturalmente pienso en mis amigos y familia. Pero me imagino que se las arreglarán sin mí, y vuelvo a los archivos de Word: ¿qué será de ellos cuando muera?
Lo bueno es que resuelvo todo escribiendo posts tontísimos que no reflejen la verdadera preocupación y las verdaderas reflexiones y los verdaderos propósitos.
Tengo miedo de la influenza. Caí en el pánico colectivo.




22 de abril de 2009

Comentarios breves que pretenden hacer un remedo de post


Se los digo de frente, no culpen al gato Malken ni a la gata Mina:

¡No he hecho sus jodidos premios!


Demándenme, déjenme comentarios anónimos harto articulados, hagan comentarios homosexualmente reprimidos en el Cbox de aquí al lado, acúsenme con su mamá, o celebren vestidos de un super-héroe mientras toman unas margaritas de tamarindo en una fiesta de quinceaños.

Lo haré, sin embargo. Pronto. Algún día. Quizás.

En general, no ha ocurrido nada extraordinario como para plasmarlo en el bló. Como... un ejemplo de algo grandioso.

Así que haré algunos comentarios dispersos.

  • El viernes fui a ver Bloc Party con cierto bloguero/tuitero que se mostró muy radiante y animoso por pensar en qué cochinada escribiría yo al respecto. Como el hecho de que él, su amiga finlandesa que parece Reese Whiterspoon y yo estuvimos sufriendo durante los peores 30 minutos de mi vida... antes de encontrar un baño. Estuve a punto de desmayarme, se los juro. También estuvo el hecho de que adentro no vendían cervezas, no: puro refresco tibio. Y que me hizo descubrir a mi nueva banda mexicana favorita, Candy, cuyos integrantes son rebuena gente y con quienes departimos en su casa enclavada en un bosque remoto al día siguiente. Hola a todos.
  • Acabo de ver Gran Torino y me gustó bastante. Clint Eastwood es un hijo de puta adorable, ¿cómo lo logra? Es como un monaguillo putonsete... Um, olviden el símil fallido anterior.
  • Er. Le cambié los pedales a mi bicicleta.
  • Ya tengo el Hitchhiker's Guide to the Galaxy. Después de la parálisis del sueño, me curé leyendo títulos de libros como "Who is this God person anyway?".
  • Mi bicicleta ya tiene pedales.
  • Algunos capítulos de Los Simpson me hacen llorar.
  • Mi calentador se descagaló por enésima vez y fue muy doloroso descubrir que conseguir un plomero en esta ciudad es como quitarle la virginidad a una princesa árabe.
  • Estoy escribiendo arbitrariamente cosas que he puesto en el Twitter, recicladas y sin gracia.
  • Los fans del monero Hernández no se tomaron a bien que yo haya metido mi cucharota en su historieta de los Pinchmen. Lo que no saben es que en realidad él lo escribió todo, mientras yo me daba golpes en la pared jurando entre sollozos que me iba a morir de Sida y que ya todo estaba terminado para mí y que la vida era un lugar farragoso en el que uno siempre pierde y acumula pendientes y muere de Sida y se infecta de Sida y muere por causa del Sida. Verídico.
  • Ya está en circulación nuestra revista cultural, multirregional y cero racista Distintas Latitudes. Échense un clavado.
  • Por último, creo que el destino puso en mi camino esa película sobre vecinos orientales para hacerme ver que quizás, por qué no, no es tan malo tener malditos vecinos ojos de rendija. A lo mejor.
  • Grrr. Cerdos.


20 de abril de 2009

Se cierra la votación


Y les juro que no hice chanchullo. Todo aquí es legal, no como las elecciones en México y el IVA de Ticketmaster y los chows de Laura Bozzo y lo
light de los refrescos y los amigos que de hecho conoces en Facebook.

Para mostrar mi rectitud, he aquí unas impresiones de la encuesta con todo y estadísticas:

Cerramos la encuesta a las veintiún horas del lunes 20 de abril, y declaramos al ganador indiscutible...


















El compadre S.S., también conocido como Monstruoso, con la frase:

A veces, cuando estoy bajando fotos de personas que no conozco en Facebook, me gusta pensar que de hecho yo corté con ella.




He aquí las pruebas que sí quisimos presentar, no como los del IFE y como los productores de Laura Bozzo




En segundo lugar tenemos, como el amable lector puede constatar con un vistazo, a la bloguera Fa-fa-fabister Crowley, con la gran frase:

A veces, cuando se descompone el Large Hadron Collider, me gusta pensar que me llaman a mí para que vaya a Geneva y se los componga en chinga.



Y en tercer lugar tenemos a Yo-yo-yo-soy ella, con la frase:

A veces, cuando veo viejas ultra-buenas por la calle, me gusta pensar que son frígidas y anorgásmicas.



Excelentes frases las tres, muy superiores a la original, y tendrán un bonito regalo que está en proceso. El gato Malken fue removido de su cargo, por pendenciero, y en su lugar tenemos a la gata Mina. Hace básicamente las mismas gracias, como tomar agua del grifo y dejarse acariciar, así que le dimos chance:


Ni el gato Malken ni la gata Mina son de mi propiedad, como ya expliqué, pero igual los quiero. Los acaricio y no me hago cargo de su manutención. Todos los beneficios y ningún perjuicio.




En otras noticias


Ayer tuve una parálisis del sueño. Es la primera vez en este departamento, y sufrí los percances que la Wikipedia tan bien resumió muy a mi pesar. Me entró un miedo increíble, por ninguna razón, y no pude moverme. De pronto, tuve la sensación de que entraban...


Esperen.


Tienen que leer esto con mucha soltura, con mucha naturalidad, como si lo que dijera a continuación fuera equivalente a decir que ayer me comí una torta de chorizo y fui a andar en bici -que sí lo hice. Lo de la bici. Con la torta de chorizo no tuve suerte.


...Tuve la sensación de que entraban ¡los mismísimos jinetes del Apocalipsis a mi recámara! Tuve la seguridad de que estaban ahí y, les juro, pude escuchar los golpes de los cascos contra el piso (las parálisis del sueño, como las películas malas, también tienen plot holes: el piso es de alfombra). Sabía que de voltearme los vería, ataviados con ropajes negros muy vikingos (las parálisis del sueño, como las películas malas, también tienen pésimos directores de vestuario) y rostros deformados y cadavéricos. Quise abrir los ojos y no pude. En mi sueño, cosas terribles que jamás podría reproducir en palabras tomaban lugar. De pronto, pude abrir un ojo. Luego, el otro. Respiré. Oscuridad total. Logré darme la vuelta y enseguida fui tragada por las fauces de un sueño pesado y violento, que me torturó durante 6 horas seguidas.

Bien padre todo.

Parálisis del sueño: definitivamente no es la recomendación de la semana.



En otras otras noticias

Hace mucho que no escribía en mis Textos Serios. Debe ser porque el nombre no sugiere nada divertido ni interesante. Uno se imagina que es un blog sobre tratados de biología técnica, patrones de conducta en los judíos de Polonia que viven en Polanco, estadísticas sobre el número de vagabundos en las colonias periféricas de Bogotá y la nutrición de las ballenas en su visita a México.

Lástima que no.

En realidad, mi parálisis del sueño se originó por un libro de Auster. Pero lean acá mis sentidas reflexiones al respecto.

Aquí.




Lo cual también me recuerda que mi post favorito en ese blog es Discovery. Aún me parece perfectamente lógico, y perfectamente real, y aún me parece que colonizar el corazón de alguien es la empresa más grande que existe.




19 de abril de 2009

Por fin, he aquí la encuesta para determinar el ganador de la frase "A veces..."


Nomás que quedó cuatrapeada, si me dispensan vuestras mercedes. Si la arreglo pierdo las opciones ¡y miren cuántas son! Están acomodadas en el orden de recepción. Voten por su favorita y hagan a un bloguero ocioso feliz.


14 de abril de 2009

Anuncio urgente


Interrumpimos la programación habitual de este cuchitril para tratar dos puntos de reflexión:

1. No me acordé sino hasta hoy, pero ayer cumplí un año en el Distrito Federal. Para efectos más prácticos, hoy hace un año había sido mi primer día en la maquiavélica agencia de publicidad. Lo único que recuerdo con claridad fue lo que comí a la hora de la comida, y cómo mi jefe que se parecía a Paul Banks pero en feo se sentó a mi lado, y nos miramos y
hubo un momento.

Perfecto: no hubo ningún momento. Ni entonces ni después, y por eso renuncié. Lo que más recuerdo de los "cheilers" -apodo más zopenco- es que echábamos mucho relajo, hacíamos bolitas en la sala de peloteo -cuántas veces me quedé sin aire y, pese a eso, continué en el juego con media cara amoratada-, a dos que tragaban un chingo de porquerías los apodábamos "Carbohidrato" y "Carbohidrata", cómo mi mañana no estaba completa si no me compraba mi torta de tamal verde saliendo de metro Polanco, todos los cafés gratis en el Coffee Bean de abajito, el tamaño jumbo de mi monitor, el olor de mis jefes los coreanos, y la comida donde estos mismos coreanos se pusieron hasta sus chanclas y se portaron de lo más amables.

Hace un año nomás me sabía el trayecto de mi casa al trabajo. Hoy me deslizo con soltura a través de la ciudad. Quiero decir: del metro. Quiero decir: de mi edificio. Quiero decir: de mi depto -con una recámara, quién no.

Hace un año mi vida era diametralmente distinta a como es ahora. Pero me gusta más ahora.

2. Mi colega Jordy ha venido hace un momento, le di un té de hierbas relajantes y me puse a contar borreguitos mientras él hablaba y hablaba y hablaba. La conclusión fue que los conminara a asistir a la presentación de nuestra oh oh revista electrónica, que 'tomará lugar' el próximo viernes 17 de abril a las 2 de la tarde, en el Claustro de Sor Juana. Habrá vinito gratis. Y galletas de animalitos. Y pedazos de diúrex y unicel y bolitas de papel. ¡Aprovechen!



En el caso remoto de que no pueda asistir, probabilidad cada vez más cercana a la realidad, he preparado un videíto baboso que los asistentes podrán disfrutar mientras remojan sus galletas de animalitos en el vino. Hablar no se me da. Mis bromas no causan gracia. En un primer ensayo, quise hacer una broma idiota y no salió, por lo cual sentí vergüenza y paré el video. Luego dije: bah, todos deben saber qué tan fallida bromista eres, ¿por qué no lo subes a tu bló? Así que lo hago en este momento, no sé para qué. Quizás para que se burlen de mi voz, porque ustedes no creen que tenga voz de pito pero están a punto de comprobarlo. Y burlarse por ello.



Nótese cómo me inventé lo de la junta, porque puede que sí tenga junta, y puse cara de tristeza. Y luego no supe qué decir para rematar. E hice cara de tonta. Y cómo ahí se acaba el video. Nótese.













Por solicitud de cierta gente que se metió a mi canalcito de YouTube, les comparto de una vez otro video idiota que grabamos bajo un estado alterado de conciencia llamado PENDEJEZ CONGÉNITA. Es tonto, pero aburrido. Nos la pasamos tragando papas, bebiendo cerveza Barrilito y escupiendo sandeces en un periodo de 2:27 minutos. Disfruten: